Objetivos: esos conocidos desconocidos

Casi siempre acostumbramos a vincular únicamente los objetivos con nuestra vida laboral, y encima, la mayoría de las veces los percibimos con connotaciones negativas, ya que solo tenemos consciencia que entran en nuestra vida cuando nuestro jefe nos exige más y más.

Así que es normal que nos cueste, o simplemente, ni nos planteemos incorporar los objetivos en nuestra vida diaria. Este es un muy buen hábito para aumentar nuestra efectividad personal, y con ello nuestra calidad de vida. Los objetivos pueden ser de muchos tipos o magnitudes, y seguramente ya funcionamos de manera inconsciente con ellos, pero sin orden, ni con un planteamiento estructurado.Por ejemplo, podemos pensar, voy a perder peso. Este es un objetivo común, pero ahí se queda, en solo el macroobjetivo, el como y el cuando quedan al azar y eso conlleva que pocas veces lo alcancemos.

Es conocido que la regla básica y universal para fijar objetivos es que estos sean SMART (específicos, medibles, realizables, realistas y limitados en el tiempo), pero que sean SMART no es el único requisito en el momento de fijar objetivos. Que estén bien formulados, es muy necesario, pero es solo la ‘primera piedra’ para que tengan unas mínimas garantías de ser alcanzados.

Así pues, y siguiendo con el ejemplo: voy a perder peso, lo transformamos a voy a perder 2 kg. al mes durante cuatro meses (específico, realizable, realista y limitado en el tiempo). El nivel de compromiso con este objetivo ya aumenta. El siguiente paso, es desarrollar un plan de acción: ir al nutricionista la próxima semana, hacer deporte dos veces por semana, etc.

Hemos concretado nuestro objetivo, cumple con las reglas SMART, que falta? Falta una cosa clave: debemos de creérnoslo. Este punto muchas veces lo olvidamos, y es clave, porque puede cumplir perfectamente los 5 requisitos, pero que en el fondo no creamos en él, que sea más un debo hacer que un quiero hacer.

Debemos creer en el objetivo, debe de motivarnos, y para hacerlo debemos de visualizar que nos aportará más allá del simple: es lo que toca. Si queremos perder peso, debemos de visualizar que pasará cuando lo logre: me encontraré mejor, podré ponerme esos vestidos que ahora no puedo, …; tenemos que buscar la parte emocional que hay detrás del objetivo.

No debemos fijarnos el objetivo porque toca, o porque es lo que hay, debe de representar un reto, una oportunidad de mejora en nuestra vida, debemos de sentirnos bien con él. Fijar un objetivo porque toca, solo nos llevará a la decepción y frustración porque no le dedicaremos la atención suficiente para lograrlo.

Otra buena práctica que tiene relación directa con el grado de cumplimiento de nuestros objetivos, es el de vincular a nuestro entorno, de hacerlos participes de nuestros retos, con esto logramos dos cosas importantes: convencernos que podemos, que es realista lo que planteamos y también, si hay mas personas involucradas es mas difícil abandonar.

Y para finalizar, después de formular correctamente el objetivo y de créenoslo, debemos de tener paciencia. Todo tiene un proceso, pero si perseveramos y somos pacientes este proceso dará sus frutos.

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