Reflexiones sobre la planificación anual

planificacionAntes de las vacaciones de Navidad, tenía ya medio escrito un post sobre la importancia de planificar el nuevo año aprovechando estas fechas, nadie negará que es un momento que invita a hacerlo y ciertamente, parece muy interesante invertir un poco de tiempo para pensar en nuestras metas para el próximo año.

Pero, de repente, la red se inundó de consejos y listas de buenas prácticas para llevar a cabo esta tarea, así que tal volumen de información e insistencia provocó que abandonara el post por considerarlo redundante y me centrara en leer las propuestas de los demás y reflexionar sobre mis propios objetivos.

Así que me puse manos a la obra, y empecé un mapa mental con toda mi ilusión, pero poco a poco mi ánimo fue decayendo, no pude hacer más que una lista ordenada de buenos propósitos, en general poco definida, algunos los transformé ya en algún objetivo concreto e incluso programé alguna tarea, pero aplicando criterios realistas, la mayoría del ejercicio se fue directamente a la carpeta de Algún día/quizás.

¿Por qué? pues porque el ímpetu de las fechas y las ganas de abrir un nuevo ciclo provocó que dedicara toda la energía a planear el futuro, en abrir nuevos frentes, pero enseguida me di cuenta que no había hecho balance ni crítica suficiente de lo que tenía sobre la mesa a medio hacer, ni había analizado como estaban los buenos propósitos de hace un año, tomé consciencia de lo indispensable de este paso y yo lo estaba olvidando, así que cambié de óptica y llegué a la conclusión que en estas fechas es más importante cerrar, y si conviene, eliminar, que crear nuevos propósitos. Vi que esto me aportaba más, lo hice y así pude empezar el año sin presiones y ‘limpio’ de cargas.

La predisposición para los buenos propósitos en la que nos sitúan estas fechas, también tiene su lado oscuro, nos empachamos con proyectos pesados y de difícil digestión, como en las comidas navideñas. Parece que sea una obligación hacer un cambio de rumbo, o imponernos cosas nuevas, pero debemos ser realistas al respecto, y la mejor manera de llevarlo a cabo es haciendo autocrítica.

Me propuse pues, a partir de ahora, sustituir la planificación del año nuevo por el cierre del año pasado, lo cierto es que cualquier momento es bueno para incluir propósitos en nuestra planificación, esta tarea es fácil, pero hacer balance y seguimiento normalmente es un hábito que nos resulta más complicado incorporar, así que con esto, yo espero mejorarlo.

He llegado a la drástica conclusión que no me voy a plantear nada nuevo este año, que con lo que tengo ya tengo bastante, haré caso a la máxima de terminar más y empezar menos, y también me he dado cuenta que coger un proyecto que hace tiempo que tienes a medio gas, dedicar un tiempo a pensar sobre él, reenfocarlo, ver como puedes mejorarlo, decidir que energía vas a dedicarle, etc… también puede ser muy motivador, tanto o más que una bonita y flamante nueva lista de objetivos 2014,

¿Qué te parece? ¿Has abierto el año con buenos propósitos? ¿También se te ha ‘olvidado’ hacer balance?

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