¡Despertad, Productivos!

No solo se trata de ser productivos, sino parecerlo y predicarlo. Es tan importante una cosa como la otra.

Muchos aún piensan que el que sale último del trabajo es el más trabajador. Y quizá lo sea, una cosa no es incompatible con la otra, pero generalmente es una creencia que no acostumbra a tener mucho fundamento.

Para que nadie se me ofenda, tampoco quiero obviar, que ciertamente, hay muchas personas que no les queda otro remedio de trabajar muchas horas, puestos de trabajo mal dimensionados, picos de campaña, fechas objetivas implacables, etc. Aunque en el fondo también encontraríamos razones organizativas o productivas, estos casos son harina de otro costal.

En lo que me quiero centrar es en la manía, o si lo preferís, costumbre, de medir la productividad por tiempo y no por resultados.

En otras culturas la gente que trabaja muchas horas está mal considerada, ya que este comportamiento se relaciona con una baja productividad, pero en nuestro entorno no es así. ¿Aún?

Cada vez más se habla de la racionalización de los horarios laborales, de cambiar las horas de las comidas, del ‘prime-time’ de la televisión, para favorecer, entre otras cosas, un mayor descanso y un ritmo de vida más adecuado a nuestras necesidades o capacidades.

A mi, personalmente, me encantaría hacer el cambio, pero lo veo muy lejos aún, como mínimo en el ámbito corporativo, porque sí, hablamos mucho, pero ¿quien empieza? Como consumidores, ¿aceptaríamos que los centros comerciales cerraran a las 18:00 o los sábados por la tarde? por poner solo un ejemplo.

Dejando atrás esta reflexión inicial, volvemos a lo que nos ocupaba. Cada uno de nosotros podemos compartir este pensamiento, y hacer lo que podamos para ir cambiando nuestras creencias y también las de los demás, por lo que debemos ser productivos, pero viendo lo expuesto, además debemos parecerlo y exponerlo.

Si partimos de una base en la que el indicador principal es el tiempo, nos encontramos con una situación curiosa. Si consigo los resultados que pretendía, en menos tiempo del supuesto… ¿que pasa? ¿ya he terminado? Puedo, por ejemplo, ¿ponerme a mirar Facebook?… la verdad es que me gustaría que fuese así, y lo fuese sin consecuencias, pero no lo veo…

Seguramente tenemos tareas para dar y tomar, por lo que terminaremos con una y empezaremos con otra, así nuestra efectividad será notable, pero seguramente pasará desapercibida. Además, si el trabajo existente tiende al infinito, ¿que pasará? absorberás el trabajo de otros, te desmotivarás, porque… ¿qué te aportará ser el más productivo si la cultura en la que vivimos no acostumbra a premiarlo? (más bien tiende a criticarlo y desconfiar)… y al final puede pasar que ser productivo sea el motivo de tu preocupación y no lo contario.

Pero, no te dejes vencer, solo cambiando las creencias podremos avanzar, así que pregúntate que está en tu mano para cambiarlas, rendibiliza lo que haces y sobretodo, hazlo visible, no te resignes en solo cumplir con la tarea, busca siempre un poco más y añádele valor a tu trabajo. No te fijes en el reloj, fíjate en las metas que puedes llegar a alcanzar.

Propón mejoras, haz las cosas yendo un poco más allá de lo estrictamente necesario y insiste, insiste y insiste.  Pon en valor ser productivo.

Con esta actitud, las cosas seguro que cambiarán, por el bien de todos. ¡Despertad!

Comentarios

  1. dice

    Buenas tardes Jordi,

    Me ha parecido interesante tu llamamiento, aunque me gustaría destacar dos aspectos que entiendo son importantes. Habría que distinguir en primer lugar y de forma clara lo que es productividad en el trabajo tradicional y en el trabajo del conocimiento. ¿Y por qué digo esto? Pues básicamente porque para poder se productivo tal y como comentas, a lo que me sumo totalmente, hace falta un primer ingrediente fundamental y que se llama autonomía. En el trabajo tradicional escasea por el tipo de trabajo de que se trata, por lo que la productividad seguirá midiéndose por unidades de producto producidas en la unidad de tiempo. En el trabajo del conocimiento también suele brillar por su ausencia, dado que mientras las organizaciones no pasen de un modelo basado en las estructuras jerárquicas a un modelo centrado en las personas y en la responsabilidad, será complicado poder conseguir resultados. Aún así, no es mi postura. Pienso que el cambio debe venir desde dentro. Primero hemos de cambiar nosotros y después nuestras organizaciones. ¿Te sumas a ser un Troyano Productivo? 😉 Un abrazo!

    • Jordi Fortuny Baduell dice

      Buenos días,

      Efectivamente, lo que dices es clave, en los trabajos tradicionales el margen es pequeño como bien señalas, porque la autonomía brilla por su ausencia, y todo se mueve según se ha movido y cambiarlo es una tarea titánica. De todos modos, yo pretendía incidir en que, aunque el sistema no lo premie, ni lo valore, ni la organización lo absorba, a pesar de esto, no debemos tirar la toalla e intentar siempre mejorar, incluso, aunque los esfuerzos caigan en saco roto. De alguna manera hacer lo que tu dices, cambiar desde dentro con una legión de Troyanos. Por lo general, palabras que deberían ser normales en nuestras organizaciones, como delegar o responsabilidad, están desenfocadas, o mejor dicho, enfocadas hacia la dirección contraria de lo que debería ser. Total que si, necesitamos Troyanos Productivos a miles.
      🙂
      Saludos!

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