¿Qué he aprendido sobre la planificación estas vacaciones?

Siempre digo que lo importante es aprender, pues estas vacaciones de verano me han dado una buena lección…

Hace un mes, me hice unos propósitos y fijé unos objetivos para aprovechar al máximo la teórica tranquilidad mental de este periodo vacacional. Básicamente se trataba de dar salida a una serie de proyectos de la lista ‘Algún día/Tal vez’, cierto es que mis intenciones no eran terminarlos, sino enfocarlos de tal manera que ya los podría categorizar como ‘Próximas acciones’. Además me propuse escribir bastantes post, para así mantener y garantizar la regularidad de publicaciones en el blog.

He de decir también que, al marcarme estos propósitos, estaba influenciado por una temporada cumpliendo con todo lo que me proponía, había conseguido un flujo muy bueno y pensé: estando en este estado y con el tiempo del que dispondré, esto va a ser la bomba.

Pues, para mi sorpresa, no he hecho nada de lo previsto, con lo que, a priori, podríamos decir que he sido poco efectivo. Los primeros días lo intenté, pero nada, no conseguí establecer un ritmo mínimamente efectivo (al menos para cumplir con mis propósitos), con lo que no hace falta que os explique lo inquieto que estuve al ver que pasaban los días y no conseguía concretar nada de lo que me había propuesto.

Caí en una trampa en la que hacía tiempo que no caía: planificar de una manera no realista. Mi error fue planificar sin tener en cuenta el entorno inestable en el que movería estos días, planifique según mi rutina de los días ‘normales’, en unos días nada ‘normales’. ¿El resultado? pues el que os expongo, ninguno de mis objetivos para agosto se ha cumplido.

Conclusiones que me llevo  (y que me anoto para recordarlas el próximo verano):

  • La rutina es efectiva, a pesar que te parezca que tengas días muy llenos, que no puedes hacer lo que quieres, etc. Siempre es más efectiva que un entorno variable… la planificación se sustenta únicamente si existe una rutina fijada.
  • La volatilidad de la planificación. Esta no es una ciencia exacta y depende de la influencia de múltiples y variados factores, además pocos de ellos son fijos, quiero decir que pueden variar de un día a otro. Todo esto hace que la planificación sea un proceso muy volátil, y he aquí la principal dificultad de esta.
  • La ausencia de rutina favorece el pensamiento divergente. Así, una vez pasados los nervios iniciales, y habiendo asumido que no cumpliría con mis propósitos, me relajé y empezó a fluir el pensamiento lateral, así que, libreta cerca y mapas mentales a tope. Destacar que me ha sido imposible elaborar las ideas o darles contenido, esto me lleva a la última conclusión:
  • Es importante tener en cuenta que cada cosa tiene su momento óptimo para ser realizada, no es conveniente forzar (por supuesto, si vas fuera de plazo tendrás que hacerlo, con las consecuencias que esto conlleva) y también asumir que tampoco puedes cambiarte en dos días (ya tienes costumbres y preferencias arraigadas). Así, debes escucharte (casi más que escuchar lo que te dicen), aprender y adaptar la planificación según tu manera o momento más efectivo para realizar las tareas. Adaptarse a lo que el cuerpo te pida para sacarle el máximo rendimiento y no estar constantemente luchando para hacer las cosas según se supone que se deberían hacer.

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