La importancia de las rutinas en las organizaciones

Hojeando otra vez el libro The Power of Habit de Charles Duhigg, ha captado mi atención un capítulo que hace referencia al trabajo de Nelson y Winter: An Evolutionary Theory of Economic Change, donde los autores profundizan en el comportamiento de las empresas. Proponen que este es la suma de los hábitos de las personas que las conforman, que dan lugar a rutinas o patrones de comportamiento. Estas surgen a partir de miles de decisiones individuales que, con el paso del tiempo, conforman una especie de memoria corporativa que tiene un gran impacto en la efectividad de la organización, ya que hace que esta fluya y que no sea necesario estar continuamente micro-decidiendo, creando o explicando todos procesos desde cero.

El estudio es del 1982 y probablemente en algunos aspectos ya estará superado, pero me ha gustado comprobar que del mismo modo que los hábitos son claves en nuestra efectividad como individuos, lo mismo lo son las rutinas en las organizaciones. Otro claro ejemplo que nuestra efectividad y la de nuestro entorno son vasos comunicantes.

Recordemos que los hábitos nos hacen efectivos porque evitan tener que estar continuamente decidiendo sobre cualquier cosa. Crean un patrón que seguimos de forma automática. También son importantes porque reducen la incertidumbre del entorno. Pues estas mismas ventajas se aplican en las organizaciones.

Se introduce también el concepto de tregua. Este es necesario para explicar la estabilidad de las rutinas en las empresas, que, como son organizaciones sociales están sometidas a las tensiones derivadas de nuestra naturaleza como personas.

Así, habilitan como punto de partida que las empresas no son mundos idílicos donde todos los que las conforman orientan felizmente sus esfuerzos hacia la consecución de unas metas comunes. Las empresas no son grandes familias felices, sino más bien lo contario, son campos de batalla donde departamentos compiten entre ellos por los recursos, todos quieren obtener mejores resultados, son frecuentes las tácticas para destacar sobre el resto, etc.

Lo podemos negar, podemos creer que hay esquemas organizativos perfectos, universos ideales. Pero no nos engañemos, esto no funciona así, quizá llamarlo campo de batalla es demasiado drástico, pero debemos asumir que la organización perfecta no existe. Y no pasa nada, que sea así no implica que sea malo, es normal y natural, y como todo sistema que fluye naturalmente, tiende a buscar un equilibrio. El resultado es que a pesar de estas imperfecciones, la mayoría de empresas consiguen, año tras año, sobrevivir y conseguir sus objetivos dentro de unos parámetros de convivencia y efectividad razonables.

¿Y cuál es la clave? Pues, como hemos dicho antes, los hábitos y rutinas, pero estos no son suficientes, por lo que se introduce el concepto de las treguas. Las rutinas se establecen, pero se mantienen gracias a las treguas, que evitan que los comportamientos sociales o conflictos potenciales las interrumpan. Las treguas aseguran que las rutinas se desarrollen libres de interferencias.

Una paz inestable puede ser más destructiva que una guerra.

Por ejemplo: los equipos de ventas, podrían estar en guerra permanentemente, si cada comercial ofrece descuentos por libre, pero siempre llegan a un acuerdo y fijan los límites, así todos juegan con las mismas posibilidades. Dentro de la rutina establecen una tregua que permite la estabilidad y proporciona el máximo beneficio a todas las partes.

Los hábitos organizacionales tienen una premisa básica: si sigues los patrones establecidos (rutinas) y cumples con las treguas, la competencia interna no destruirá la empresa y se conseguirán los objetivos marcados.

Ahí lo dejo, cada cual que reflexione al respecto y vea si es, o no, así en las empresas que conocemos.

Comentarios

    • Jordi Fortuny Baduell dice

      Muchas gracias Adrián. Es cierto que es un campo muy interesante y que lo expuesto en el post puede quedar corto, te recomiendo que busques el estudio entero y le eches un vistazo, tiene puntos muy interesantes.
      Saludos,
      Jordi

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