La metáfora del pescador y nuestro propósito

Cuando viajo me encanta pasarme alguna hora que otra hojeando libros autóctonos en las librerías. A principios de este año, estuve en Milán, y como no, localicé una librería donde cumplí con esta rutina. Y me llamó la atención una serie de libros, llamados 50 minutos: guía rápida de autoformación, y especialmente uno llamado: Gestiona mejor el tiempo. ¡Uf! pensé, pero me lo compré. Y efectivamente, ¡uf!. No se como describirlo…. Lo que no creo, es que después de dedicarle los 50 minutos, gestiones mejor tu tiempo. Pero bueno, mi intención no es la de hacer una crítica del libro, ni mucho menos, entiendo que todo tiene su público, y por lo tanto, ante todo, respeto máximo.

De hecho, siempre intento ser positivo y aprender de todo, y este caso no es la excepción. Entre las partes aprovechables, me llamó la atención la siguiente metáfora.

Un turista italiano fue de vacaciones una semana con todo incluido a un atolón de las Maldivas. Estuvo observando un pescador local que cada mañana salía con su bote de remos a pescar, y después de unas dos horas, volvía con una cesta llena de pescado. Observó intrigado el primer día, el segundo día, y al tercer día, se decidió a preguntar…

¿Cómo es que cada mañana está en el mar sólo dos horas pescando, en lugar de toda la mañana?

El pescador respondió: ¿para?

Si estuviese toda la mañana pescaría muchos más peces, y los podría vender a los restaurantes, y a los habitantes de las islas vecinas.

El pescador respondió: ¿para?

Después de unos meses, empezaría a tener una clientela fija, el boca a boca le traería más clientes y podría estar en el mar todo el día y pescar muchos más peces.

El pescador respondió: ¿para?

Después de un año, usted tendría suficiente dinero para comprar un motor para el barco para poder pescar más lejos.

El pescador respondió: ¿para?

Después de unos años, podría pagar a gente de su pueblo para venir a ayudarle y salir a pescar.

El pescador respondió: ¿para?

En diez años es posible que tenga más de un barco y tendría un montón de dinero.

El pescador respondió: ¿para?

Cuando se retire, con todo ese dinero, podrá disfrutar de la vida.

El pescador respondió: ¿y que es lo que estoy haciendo en este momento?

A veces, cuando nos marcamos objetivos vitales, estamos acostumbrados a plantearlos en términos de un futuro muy a largo plazo, y encima, lo planteamos según unas creencias que tenemos preestablecidas. Y la búsqueda de la felicidad la proyectamos según estas, según estereotipos del tipo: más dinero o más poder.

Concretamente, en GTD, David Allen propone 6 niveles de perspectiva. Y es en los niveles mas altos, especialmente en el último, cuando establecemos nuestro propósito, donde creo que esta metáfora nos puede ser muy útil. El propósito es El Por Qué, lo que debe dar significado a nuestra vida (para decirlo sintéticamente…), así que es muy importante que no nos desenfoquemos al establecerlo. La metáfora nos deja ver como de importante es definir nuestros propósitos. No tenerlos claros afecta nuestra efectividad ya desde la misma raíz.

Cada día merece ser vivido plenamente, y en si mismo, ya esta lleno de momentos que no siempre sabemos disfrutar.

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