Peregrinaje hacia la efectividad

Hace un tiempo, quizá unos años, empezaste…

Te diste cuenta que no podías seguir así, atrapado por tus compromisos, por todo lo que debías hacer y sin poder hacer lo que querías. Tomaste consciencia que algo debía cambiar.

Como no, entraste en Google y, probablemente, tecleaste como gestionar mi tiempo. Delante de ti apareció todo un mundo. Un universo de conceptos, consejos, métodos y herramientas.

Leíste en internet, te compraste un libro, reflexionaste, es fácil, es evidente, lo voy a hacer, escogiste, te equivocaste, abandonaste, volviste a empezar, te fue un poco mejor, volviste a caer, lo dejaste un tiempo, por casualidad leíste algo clave, lo volviste a intentar, te fue mejor, contento, te instalaste una app gestor de tareas superchula, ¡ahora sí!, ¡ahora no!, esto es muy complicado, siempre tropiezo con la misma piedra, pero a pesar de todo algo he cambiado, quizá sí, volvamos a intentarlo, poco a poco, reconozco los fallos que he cometido, haré un acto de fe, voy a aplicarlo tal cual es y a no inventar nada, esta app no me sirve, voy a escoger una con criterio, ¡hala!, empiezo a cumplir plazos, voy más tranquilo, parece que sí, ¡bien!, emoción, todo encaja, que tonto he sido, porque no lo habré hecho antes, llega una época difícil, el sistema se tensiona, ¡aiaiai!, vuelvo a estar saturado, tranquilízate, confía, sigue, resisto, ¡uau!, ya lo tengo, me queda mucho, pero las mejoras son notables, lo cuento a todo el mundo, persisto, mejoro, ¡soy feliz!

Así es, este es un microrelato de lo que le pasa a mucha gente. Mejorar tu efectividad no es un camino de rosas, más bien es algo parecido a un peregrinaje. Mejorar pequeños hábitos es fácil, y esto ya significa mucha mejora frente a lo que estamos acostumbrados, pero conseguir que la efectividad en sí se convierta en un hábito es un camino largo, lleno de dificultades, pero con una gran recompensa al final.

Aunque en la tierra prometida tampoco te haces invulnerable. Pero la experiencia y la perspectiva que te regaló el camino, casi sin tu ser consciente, hacen que el cambio sea ya permanente.

Como en cualquier digno peregrinaje: Después de hacerlo, ya nada es igual.

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