El tren de la efectividad

En el anterior post veíamos el largo recorrido que supone la mejora de nuestra efectividad, y que en este camino es frecuente caerse del tren. Esta vez me gustaría explicar una sensación curiosa que viví en el momento que tuve la situación controlada, en el momento que podríamos decir que pasaba más rato encima del tren que en el suelo.

Creo que estamos tan acostumbrados a ir detrás del tren que hemos perdido la capacidad de ir delante. No solo ir montados en él, sino ir delante.

Ir al ritmo que te marcan, hasta cierto punto es fácil, quizá es agobiante, pero es fácil, porque no debes pensar demasiado. La energía se usa en ejecutar. Pero en el momento que eres dueño de tu destino, también cuesta gestionarlo.

Enfrentarse a la creación de tus propios proyectos, los que realmente pueden aportar valor a tu trabajo, es casi como aprender a caminar otra vez. Decidir y organizar las tareas que vienen después, dentro de unas listas donde todo son ordenes de tus superiores, clientes o procesos (casi) automáticos, acaba siendo fácil. Decidir acerca de algo que depende única y exclusivamente de ti, ya es distinto. La génesis de tus proyectos requiere de tiempo, dedicación y energía de calidad.

Mientras te falta el aire, la prioridad es respirar, no hay otra cosa en el mundo. Pero cuando el aire ya no te falta y caminas a buen ritmo, ¿cómo empezar a correr, a tirar en vez de ser arrastrado?

Precisamente, el gran valor que te aporta ser efectivo, no es simplemente disponer del tiempo para dedicarte a estos proyectos, sino que lo importante es que te aporta el estado de tranquilidad mental para hacerlo. Los elementos están preparados, falta saber cómo hacerlo, ya que la habilidad para cuestionar, innovar, proponer y crear se nos puede haber agarrotado.

A mi me costó darme cuenta que no debía conformarme solo con hacer y tener al día mis tareas. Redescubrir lo bueno y placentero que es crear y aportar valor. Este fue, para mi, el fin que hizo de la efectividad la clave para sentirme realizado y por lo tanto, más feliz.

Así que, a nivel practico, tengo el hábito de, como mínimo, tener siempre abierto un proyecto de estas características, y priorizado como el que más. Evitando centrarme solo en las tareas más mundanas. De esta manera me recuerdo, y garantizo, que no volveré nunca a conformarme en ser un simple viajero del tren y con eso, ir apagándome poco a poco…

Comentarios

  1. dice

    Hola Jordi,
    Gran verdad la que transmites en el post. Una vez que adquieres control, trabajar con perspectiva es brutal pero como todo camino, hay que recorrerlo.
    Que tengas buen día y un saludo,
    Jesús

  2. dice

    Estimado Jordi:
    Comparto contigo que un beneficio de la efectividad es aportar valor en tus tareas. Para mi esto se traduce en estar presente, con la mente despejada. Se trata de estar sumergido, con todas la mente, con todo el cuerpo y con toda el alma en una tarea en el aquí y en ahora. Esto implica entrar en nuevo estado de conciencia y estar disponible para aportar a tu entorno.
    Roberto..

    • Jordi Fortuny Baduell dice

      Muchas gracias por tu comentario. Como dicen, se trata de estar a lo que estás. 😉 Saludos.

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