El farol del ‘estoy muy ocupado’

Continuando con un post que escribí hace un par de meses ¿Estás de verdad muy ocupado? sigo preguntándome sobre la magnitud real del problema de la sobreocupación. O mejor dicho, sobre si realmente es el problema, o es una cortina de humo que nos impide ver otros problemas. ¿Es un farol que nos marcamos a nosotros mismos?

Habría que ver qué hay de exógeno y que hay de endógeno en este problema.

Hace poco le preguntaba a un compañero sobre cual era el principal problema en nuestra productividad, y me contestó: el volumen de trabajo que tenemos. Incluso podríamos leer entre líneas, y realmente lo que estaba diciendo era: el trabajo que los DEMÁS nos dan.

Seguro que esta respuesta sería bastante repetida si hiciéramos una encuesta. Y también es cierto que en algunos casos es verdad, porque si el tiempo disponible es inferior al tiempo requerido para hacer las tareas que tenemos, no existen los milagros, la ecuación no sale. En estos casos, poco puedes hacer, o hablas con tu jefe o cambias de trabajo, porque la situación es insostenible a largo plazo.

Pero… ¿esto ocurre en el 100% de los casos, en el 50%, o solo en el 5%?

Tendencia natural, y muy humana, es siempre mirar hacia el exterior, buscar causas exógenas. Claro, esto nos exime de responsabilidad. Dar plazos de entrega por encima de nuestras posibilidades, o centrarnos en las tareas que nos gustan, acumulando las que nos dan pereza, o estar de cháchara continuamente, …, ¿esto no es problema, no?

A nuestro cerebro le encanta estar ocupado. Vaciar (que no es lo mismo que procesar) la bandeja de entrada para llegar al Inbox 0, hacer y rehacer las listas de tareas, ordenar los papeles de nuestro escritorio continuamente, sensaciones placenteras a corto plazo, que nos crean la ilusión que estamos haciendo un montón de trabajo. Tareas en las que creemos ver resultados inmediatos. ¿Pero la realidad cual es? Nos llenamos los días de tareas de este tipo y evitamos entrar en las que tendríamos que estar haciendo. Tareas que procrastinamos simplemente porque la recompensa está un poco mas allá …

Cada uno tiene sus realidades, y cada uno sabe mejor que nadie que hace. De hecho, el responsable de la efectividad de uno, siempre acostumbra a ser uno mismo. Por lo tanto no te engañes, se sincero contigo mismo y detecta si en tu sobreocupación hay causas endógenas y traza un plan para mejorarlo. Ser efectivo se trata de esto.

Si no lo haces, no te equivoques, te estas engañando a ti mismo, no a los demás. No te marques este farol porque no ganas nada haciéndolo.

Comentarios

  1. dice

    Muy buen artículo Jordi.
    Por muchas técnicas de productividad que se empleen son inútiles si uno no se conoce a sí mismo. La persona más productiva será la que no se busca excusas para empezar a hacer la tarea que debe hacer en ese momento. No a las excusas y al autoengaño!!!

    Aprovecho para saludarte que ya hace tiempo que no sabía de tí (error: culpa mía !!!).

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