No pases del qué y del porqué

Sigo estando sorprendido de la cantidad de gente que sigue queriendo mejorar solo su gestión del tiempo. Gente que busca herramientas milagrosas que harán que un día se levanten por la mañana y encuentren las tareas perfectamente ordenadas fluyendo solas y por prioridades. Gente que cree que solo con que le expliquen cuales son los ladrones del tiempo, automáticamente ya dejarán de ser un problema. Y también sigo viendo cómo, lógicamente, el mercado les da lo que piden: superplanificadores, supergestores de correo, superherramientas llenas de notificaciones para que no te olvides de nada, …

Y no sé, quizá esté yo equivocado, pero diría que todo esto no termina de funcionarle a la mayoría. Y seguramente es porque todo esto no da en el foco del problema, que somos nosotros mismos y nuestro compromiso. Buscamos solo medidas para aliviar los síntomas de una baja efectividad, olvidándonos del tratamiento de la causa.

Y aún diría más, probablemente no funciona, entre otras cosas, porqué nos olvidamos o respondemos mal a las preguntas más básicas: ¿Qué quiero? y ¿Por qué lo quiero?

Y puede sonar contradictorio, de hecho, yo aún me sorprendo en momentos de crisis haciéndome esta pregunta: ¿busco una solución que me ayude a sacar adelante todo el trabajo que tengo, y en lugar de esto, tengo que perder el tiempo con filosofadas que no llevan a ningún lugar? Vamos, venga, lo prioritario es quitarme de encima todo este follón que tengo montado, y cuando esté tranquilo, ya pensaré en esas chorradas.

Estamos orientados a la acción, confundimos movimiento con efectividad, por eso los pasos que no nos orientan rápidamente al tachar nos cuestan tanto. Nos parece que estos pasos preliminares para definir correctamente que debemos hacer solo nos entorpecen. ¿Cómo no voy a saber lo que quiero?

Pero eso no es así. Y ahí está el error, solo la definición concreta del propósito nos permite actuar adecuadamente. No hacerlo significa intentar alcanzarlo mediante aproximaciones, y esta no es, ni mucho menos, la manera más efectiva.

Porque ser efectivos, no significa hacer mucho y rápido, sino hacer lo que debemos hacer. Si el tiempo del que disponemos es finito, lo que no podemos hacer es tirar recursos en tareas mal enfocadas o que no nos lleven al resultado deseado. Pensad bien cuantas veces habéis tenido la sensación de ‘tirar’ vuestro trabajo. Pues el secreto para tener tiempo, es precisamente evitar malgastarlo.

Invirtamos tiempo en pensar y no solo en hacer. No tengáis miedo en preguntaros y aclarar que queréis, solo así conseguiréis mejoras permanentes en vuestra efectividad y no iréis desesperados probando solo medidas paliativas.

El proceso de aprendizaje, dicen que se termina en la fase de la Competencia Inconsciente, que es cuando ya hacemos las cosas siempre y de manera automática. Así que si queremos ser efectivos, debemos llegar al punto en que, nos preguntemos el qué y el porqué de manera automática antes de mover un dedo.

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