Sobre nuestra necesidad de chatear…

Los que seguís el blog, ya sabéis lo que me gusta hablar del correo electrónico y por esta razón le dedico de vez en cuando algún post. Y es que esta herramienta que ha calado tan hondo en nuestro día a día, posee dos caras totalmente opuestas. Por un lado ha ayudado a aumentar nuestra efectividad de manera indiscutible, pero por el otro, nos ha creado una situación de dependencia y, también, de adquisición frecuente de malos hábitos que ponen en riesgo, precisamente, poder maximizar esta efectividad.

Así pues, del uso que le demos dependerá que salgan a relucir todas sus virtudes o todos sus defectos. Como os decía, ya le he dedicado (y seguramente dedicaré) algunos post, pero hoy quería hablaros de otras herramientas que no tan solo pecan de lo mismo, sino peor, éstas son las herramientas de comunicación en tiempo real.

Estas herramientas ya no solo las utilizamos en el ámbito personal sino que han entrado con mucha fuerza en el profesional/laboral. Podemos poner algunos ejemplos de su teórica utilidad: en equipos, que frecuentemente están descentralizados, o también si buscamos una comunicación ágil y multicanal con nuestros clientes, proveedores o colaboradores.

Actualmente, parece que toda herramienta que favorezca la comunicación tendría que ser positiva para nuestra efectividad. Pero, pensadlo bien ¿por qué nos gustan tanto? Evidentemente por la instantaneidad, pero sobretodo por la informalidad que nos permiten, parece que es una comunicación más simple (tanto con el medio como en el contenido), nos permite saltar de un tema al otro, divagar, etc.

Así, llegados a este punto, me pregunto, realmente ¿que nos aportan? ¿Representan una oportunidad o más bien son una amenaza? ¿No os parece que las hemos adoptado sin condiciones presuponiéndoles su utilidad?

Encajan como anillo al dedo con nuestra manera de ser y por eso nos gustan, pero son un verdadero campo de minas para nuestra efectividad. Y debemos aprender a gestionarlas. O incluso, yendo más allá, quizá debamos cuestionarnos si realmente nos aportan algo, o como mínimo, si nos aportan más de lo que nos pueden quitar.

Si decidimos que las necesitamos, en primer lugar, debemos evitar cometer el mismo error que con el correo electrónico: situar estas herramientas como centro de nuestra actividad, ya que pueden convertirse fácilmente en nuestro talón de Aquiles.

Uno de los peores problemas del correo electrónico, es que lo convertimos en una herramienta de comunicación síncrona, cuando es asíncrona. No podemos estar esperando respuesta inmediata a todos nuestros correos, cada cual lo debe gestionar de acuerdo con su flujo de trabajo y esta es una de las claves para que no se convierta en un problema. Pero este no es el caso de las herramientas de comunicación en tiempo real, ya que precisamente lo que nos aportan es comunicación instantánea.

¿Así pues, que podemos hacer con ellas? ¿Cuáles son sus riesgos, y como los podemos controlar? En el próximo post hablaremos de ello…

Comentarios

  1. dice

    Los chats, como el email y otras herramientas, suponen una problema de efectividad en la medida en que tengamos una deficiente gestión de nuestra atención. El problema no reside en las herramientas, sino la manera en que nos relacionamos con ellas. Como muy bien dices, el avance de los distintos servicios de comunicación que ha tenido lugar durante los últimos años supone una enorme oportunidad para la mejora de nuestra efectividad, pero sólo si nosotros queremos que así sea.

    • Jordi Fortuny Baduell dice

      Hola Jerónimo,
      Efectivamente, la clave reside en utilitzarlas como se debe, cuando se debe y para lo que se debe, y nosotros somos los únicos que podemos decidir al respecto.
      Saludos!
      Jordi

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