¡Empieza ya!

El duro secreto de la productividad: hacer las cosas. Y la mejor opción para hacerlas: empezar a hacerlas. Parece una obviedad, pero no lo es.

Y es que es así, empezar una tarea es uno de los retos más difíciles a los que nos enfrentamos, y sin ser del todo conscientes de ello, suele ser uno de los puntos negros de nuestra efectividad.

También es cierto que podemos no tener la sensación que esto nos esté pasando, porque sí que hacemos, y hacemos mucho, porque tachamos mucho, y aquí es donde puede estar escondiéndose el verdadero problema. Puede que estemos procrastinando algunas de nuestras tareas o proyectos, porque, en realidad, no sabemos cómo empezarlas. Y estas acostumbran a ser de magnitud, tareas incluidas en el famoso 20 % del Principio de Pareto: tareas importantes para nuestros objetivos. Piénsalo bien, ¿no tienes un rinconcito lleno de tareas de este tipo en tu lista? ¿tareas que no sabes muy bien por qué, pero que no te las quitas de encima?

Si esto te pasa, hay muchas probabilidades que el problema sea, simplemente que no sepas por dónde empezar. Y es que hay dos puntos clave para corregir esta situación: actitud y definición.

Actitud:

Dice David Allen que cuando empiezas a hacer que las cosas ocurran, realmente empiezas a creer que puedes hacer que las cosas ocurran. Y esto hace que las cosas ocurran.

Siempre hay un puntito de fuerza de voluntad en ello, un ¡venga va!, porque, como dice Allen, ver y comprobar que puedes sacarlo adelante, es la mejor manera de mantener tu flujo productivo. Una vez tengas el engranaje funcionando, este se retroalimenta, y ver que eres capaz de terminar, incluso las cosas que te parecían más complicadas, es el impulso más importante para empezar con lo que tiene peligro de atascarse.

Definición:

Ten clara una cosa, cualquier tarea o proyecto, por muy grande que sea o muy complicada que parezca, siempre empieza con una acción, con un movimiento.

Encontrar y definir bien este algo es también muy importante, esto hará que la energía que debamos invertir en empezar (lo descrito en el punto anterior) sea mínima.

Utilizar el verbo correcto, que además sea concreto, y que la descripción de la acción sea lo más completa posible es clave. Si cuando decidas empezar, tienes que pensar demasiado en lo que tienes que hacer, es probable que decidas hacerlo más tarde. És importante que la primera acción sea la primera acción ¿a que me refiero diciendo esto? Pues un ejemplo muy básico pero muy representativo, si tengo que llamar a alguien y no tengo el número de teléfono, la primera acción es buscar el número de teléfono, no llamar, porqué, si la llamada no es agradable, seguro que pensamos, ‘bueno, luego busco el teléfono y ya llamare más tarde’.

Esto significa también otra cosa, de la que a veces también nos olvidamos, antes de empezar algo, debemos asegurarnos que tenemos todo lo que necesitamos y que estamos en el entorno (contexto) donde podamos hacerlo. Si empezar cuesta, no malgastemos energía empezando y atascándonos a la primera…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *