Es mejor empezar por el final: visualiza el resultado

Hay que ver lo que nos cuesta dedicar tiempo a definir y visualizar con claridad el resultado de nuestros proyectos en las fases iniciales, justo cuando los estamos planteando. Ya hablaba un poco sobre esto aquí, pero vamos a darle un par de vueltas más…

El plan normalmente es: vamos haciendo y ya veremos…¿no?

Al menor impulso, a la menor detección de una necesidad, automáticamente vamos al grano y empezamos con una lluvia de ideas, o simplemente a darle vueltas al tema, a opinar gratuitamente sobre algo a lo que no le hemos dedicado ni cinco minutos para definirlo. Muchas veces, incluso, ya empezamos y hacemos algo. Hacer antes que pensar. Hacer solo por hacer.

¿Alguien tiene una idea para hacerlo? y venga, todos a disparar. Rara vez oímos un ¿idea? ¿para hacer exactamente qué?

Esta situación acostumbra a ser un gran gasto de energía y recursos, y creo que lo hacemos porque nos parece más efectivo orientarse directamente a la acción, al movimiento rápido. La pausa y la reflexión nos parecen una pérdida de tiempo.

No es raro encontrarnos con que, después de dedicar muchos esfuerzos en una dirección, nos demos cuenta que es la equivocada, o bien, que no es la ideal, simplemente porque no habíamos aclarado exactamente que queríamos.

Siempre hay un detonante, una necesidad que implica poner en marcha un proyecto (grande, pequeño o minúsculo), pero esto es solo un borrador, pocas veces es ya el enunciado concreto del proyecto, que no debe ser otra cosa que el resultado que deseamos.

Y es que es tan simple como preguntarse ¿para qué? y que la respuesta sea clara, concisa y completa.

Definir claramente el propósito no tan solo es indispensable para conseguir lo que queremos, sino que es lo único que nos garantiza que lo lograremos de la manera más efectiva. Saber que queremos conseguir, tener claro el resultado, permite que nos podamos mover rápida y ágilmente, y que no nos tendremos que parar en cada momento para aclarar las indefiniciones.

Debemos añadir también que, los imprevistos, que siempre surgen y no podemos evitar, tendrán menor impacto como mayor sea la definición de nuestro propósito. Podremos valorar exactamente que efecto puede tener este imprevisto frente al resultado que pretendemos, con lo que tomar una decisión será mucho más fácil y rápido.

¿Y que nos impide llevar a cabo la definición concreta del resultado? ¿pensar en el propósito, los valores y la hacer el ejercicio de la visualización del éxito en el momento de planificar cualquier cosa? Nada, absolutamente nada, solo la poca práctica, la inexistencia de un hábito, todo ello provocado por la omisión, o minimización, de la importancia de esta fase previa.

Así que, ya sabes: frena el impulso y pregúntate ¿para qué? Visualiza el final antes de empezar a hacer.

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