#100palabras de efectividad: listas

Seguimos con los tópicos en productividad personal. En este caso, las listas. Y es que casi me atrevería decir que la relación entre productividad y listas es tan fuerte que muchas veces pensamos en estos conceptos casi como sinónimos. No me digáis que alguna vez no habéis tenido la tentación de describir vuestra productividad personal como: hacer listas.

Tengo un follón que no puedo más, no se ni donde estoy. ¿Qué es lo primero que hacemos? Creamos una lista de cosas por hacer.

Bien o mal, es el recurso más utilizado en productividad personal, ya sea como elemento único de nuestro sistema o como núcleo central muchas metodologías. Por lo tanto no podemos menospreciarlas, porque efectivamente, son muy importantes.

Cuando hablamos de productividad hay muchos tipos de listas: listas de proyectos, listas de control, listas de acciones, listas de material de referencia, etc.

El tema en este caso no está tanto en su propia descripción, como en la de su contenido. El requisito básico es que el contenido de una lista sea homogéneo, las listas contenedor de poco sirven. Para que una lista sea útil, debe contener cosas del mismo tipo.

Y ya centrándonos en la lista por excelencia: la lista de tareas. Para que sea funcional debe ser una lista de acciones. Acciones perfectamente definidas y ejecutables. De este modo, si que es seguro que os ayudará a ser productivos.

Una lista de cosas amorfas es poco útil, sirve como paliativo instantáneo de un momento de caos, pero si no la depuramos para que realmente nos sirva, al poco tiempo, ya ni nos acordaremos que la tenemos.

Así que: adelante con las listas, pero haced listas plenamente funcionales.

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