Decidir es lo que te impulsa

Ya hemos hablado en otras ocasiones de la importancia de la acción de decidir. Y es que cuando tenemos una cosa en la cabeza, para quitárnosla, debemos aclarar exactamente lo que pretendemos, y después, decidir qué debemos hacer (y también que no hacer) para progresar hacia su consecución. Dicho de otra manera, debemos dar forma a esa cosa mediante decisiones.

Así pues, la decisión, sea grande o pequeña, esté tomada de forma consciente o inconsciente, tiene un papel clave en nuestra efectividad. Sin decisiones no hay resultado.

Pues aún hay más. Decidir, además, tiene una influencia muy clara en nuestra motivación. Tal y como apunta Charles Duhigg en su libro Smarter Faster Better, tomar nuestras propias decisiones hace que, a la hora de cumplir con lo que nos proponemos, seamos más capaces de lograr el resultado pretendido.

Así, decidir, no tan solo es una acción que permite el movimiento: si no decidimos es imposible que empecemos nuestros proyectos. Decidir es también un impulsor de este movimiento, haremos más y mejor.

Si nos enfrentamos a nuestros propósitos buscando no decidir, o bien, esperamos que otros decidan por nosotros, probablemente nos moveremos sólo por inercia, frenándonos ante cualquier imprevisto o dificultad.

Sea cual sea tu decisión frente algo, siempre será mejor que no decidir o decidir a medias. Si has decidido algo, asumes una responsabilidad frente a ese algo, y esta responsabilidad es lo que garantiza que darás lo mejor de ti en la realización de tus tareas, las cuales te llevarán a la consecución de tus objetivos.

Cierto es también que en nuestras tareas, muchas veces tenemos cosas que otros han decidido por nosotros, en las que creemos tener un simple papel de ejecutores, pues incluso en estos casos, podemos decidir. Podemos normalmente decidir cómo nos enfrentamos a estas tareas, además, si están en nuestro haber, es porque en algún momento anterior habremos decidido algo, y este algo tendrá que ver con alguno de nuestros propósitos. Si no es así, es que tenemos algo mal enfocado.

Decidir tiene, pues, una doble vertiente, la primera tiene que ver con la definición del resultado y de la acción, la segunda, influye directamente en nuestra motivación y por tanto es lo que garantizará que le destinemos la energía y recursos necesarios para cumplir con lo que nos proponemos.

Decide sin complejos. Solo por el mero hecho de decidir seguro que ya te enfocas hacia el éxito.

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