¿Productividad sistémica o de contacto?

Dejadme que os cuente una particular (y personal) visión de la productividad y todo lo que la rodea.

Os introduzco: para luchar contra las malas hierbas en los cultivos (o en los jardines), se acostumbran a utilizar unos productos químicos llamados herbicidas. Hay de varios tipos, y se pueden clasificar de distintas maneras. Una de estas clasificaciones tiene que ver con su modo de acción, y hay de dos tipos, los sistémicos y los de contacto. La diferencia entre ellos es que el sistémico penetra en la planta, se traslada y actúa, incluso en la raíz, mientras que el de contacto actúa solo en las zonas donde se aplica.

De esta manera, el sistémico, aunque puede que sea de resultado más lento, actúa sobre todas la partes de la planta e impide el rebrote. Mientras que el de contacto, actúa sobre la parte con la que entra en contacto, que normalmente es la parte que se ve de la planta. De esta manera, no garantiza que la planta no vuelva a rebrotar, especialmente si su sistema radicular es potente, además, si la aplicación es deficiente, partes de la planta pueden quedar intactas, pudiendo sobrevivir la mala hierba.

Os he hecho una explicación muy simplificada, pero como es obvio, no pretendo daros aquí una clase de fitología.

Y os preguntaréis ¿y todo este rollo, por qué?

Pues porque siempre me viene a la cabeza este símil cuando veo según qué propuestas para mejorar nuestra productividad.

La productividad sistémica es aquella que llega a la raíz y que actúa sobre ella. Que trabaja la productividad desde todas sus vertientes y no miente al respecto del compromiso que se requiere. Que tiene claro que los hábitos son lo primero y que las herramientas son lo último. Y sobre todo, que tiene claro que la mejora es producto de un esfuerzo.

La productividad de contacto es aquella que se ocupa de tratar los síntomas, aquella que te aporta trucos de efecto inmediato. Se basa en cosas tan simples que parecen obviedades, lo cual no es malo. Si lo es, olvidarse de cosas importantes. Efectivamente, hay muchas cosas que puedes mejorar, cosas fáciles, y que si representan un avance real, aunque acostumbra a quedarse cercano al punto de partida, y muy lejos del punto de llegada al que podrías aspirar. Esta productividad es asequible y resultona, pero poco profunda.

Las diferencias entre una y otra saltan a la vista. La permanencia y el resultado en nosotros de una u otra también son distintos. La primera funciona seguro, la segunda… depende de lo que estés buscando y de si eres de buen conformar. Cierto que la inversión no es la misma, pero… el retorno que recibes tampoco.

¿Quieres un cambio real, profundo y persistente? ¿O sólo buscas alivio para los síntomas? ¿Te preocupa reconocer el origen de tu situación y mejorarlo? ¿O te conformas con una solución para ir tirando?

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