#100palabras de efectividad: agenda

La agenda. Esa cosa donde anotamos todo. Esa cosa que está en el centro de nuestra productividad. Esa cosa que nos provoca frustración. Esa cosa que es la representación visual de cuanto trabajo tenemos, de cómo saturados estamos o de cuánto nos cuesta cumplir con los compromisos.

Ser productivo no es ser hábil en llenar la agenda.

Anotar una tarea en la agenda no es garantía de cumplimiento. Sólo nos proporciona una falsa sensación de control.

Esto lo haré el lunes 26 ¿Sabes en qué condiciones estarás, o que pasará, el lunes 26?

Una agenda, ni que lo pueda parecer, no sirve para planificar. Pero seguro que ya lo habéis notado.

Una agenda no sirve para gestionar tareas, sirve para referenciar cosas con fecha: citas o tareas/información que se tienen que realizar/obtener en un determinado momento. Compromisos inamovibles, alrededor de los cuales encajará el resto de nuestro trabajo.

Para ser útil y funcional, debe proporcionarte una visión real de tu día, en el día. Así que debes evitar añadirle intenciones o deseos que te la emborronen.

La agenda no es un problema, el problema es utilizarla mal o por encima de sus posibilidades. Convirtámosla en un elemento más de nuestro sistema, no en EL elemento.

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