Equipos productivos, equipos con confianza

Hace ya algún tiempo que tenía ganas de escribir algo sobre la productividad de los equipos… y es que muchas veces lo veo cómo el nivel pro de la productividad personal.

Lejos de lo que podría parecer, la suma de varias personas productivas no resulta automáticamente en un equipo productivo. Quizá si que tienda a ser más productivo que la media, pero para que un equipo sea todo lo productivo que puede llegar a ser, se necesita algo más.

Alcanzar una productividad óptima en un equipo no es sólo es una cuestión de herramientas o metodologías para hacer organizadamente. Hay otros factores que influyen definitivamente a la hora de lograr que los outputs de un equipo sean realmente valiosos, y que no sean sólo una suma atropellada de individualidades.

Frente a equipos con bajas productividades, otra vez, e igual que demasiadas veces nos ocurre con la productividad personal individual, el marrón se lo comen las metodologías o herramientas de organización / coordinación / comunicación. Nos olvidamos que al final, lo que cuenta, es la calidad de lo que se hace…

Si desviamos el foco del qué al cómo, nos estamos equivocando. Y en gestión de equipos, buscar y rebuscar en cómo hacemos, cómo organizamos, cómo nos comunicamos, nos mantiene distraídos y nos evita entrar en otros temas más peliagudos. Y es precisamente el buen engranaje en estos otros temas los que marcan la diferencia y hacen destacar a un equipo por su productividad.

¿Sabéis cuales son las claves de un equipo productivo? Pues que todos los miembros compartan los mismos objetivos y existan unas reglas claras de relación. Pero falta aún algo. Éstas dos pueden parecer claras y evidentes, pero hay otra, que para mí es el verdadero valor diferencial: la confianza entre los miembros de un equipo.

Varios estudios que compararon el rendimiento de distintos equipos, llegaron a la misma conclusión. El equipo debe ofrecer un entorno seguro, donde todo el mundo pueda aportar sin miedo. Toda idea o opinión es bienvenida y puede tener valor. Todos deben poder expresarse con libertad, incluso sin la responsabilidad de comprometerse o defender lo que se dice, simplemente, para poder asegurar que se han considerado todas las opciones.

Esto es lo que permite que el valor del resultado de un equipo destaque respecto las individualidades.

¿Cuantos equipos circulan por ahí sin cumplir mínimamente lo expuesto? Muchos.

Pero tranquilos, el problema es sólo que no sabemos organizarnos…

Comentarios

  1. dice

    Creo que el trabajo en equipo, cuando hablamos de trabajo del conocimiento, es una enorme farsa, un hábil constructo para manipular a la gente, una herramienta para motivar y dotar de sentido (vía sentido de pertenencia) a la actividad de personas cuyos trabajos (por excesivamente atomizados) carecen por completo de él. En realidad, en las organizaciones del conocimiento, los equipos no dejan de ser mini-jerarquías burocráticas nacidas dentro del paradigma de la división del trabajo y, por tanto, llevan en su ADN todas las limitaciones de este modelo. El verdadero trabajo en equipo exige simultaneidad de acción, es el resultado de esfuerzos sincronizados en paralelo, por ejemplo, una canoa de remeros. Cuando un trabajo puede hacerse de forma asíncrona, combinando esfuerzos individuales independientes, esto es trabajo colaborativo, no en equipo. La diferencia entre individualidades que trabajan colectivamente de forma efectiva y las que lo hacen atropelladamente no es el equipo, sino la existencia de un solapamiento de intereses individuales y egoistas (en el mejor de los sentidos), es decir, de un propósito, unos valores y unos resultados compartidos. Por eso, la esencia del trabajo colaborativo, con ejemplos poco discutibles como Wikipedia o Linux, es la famosa frase de Bernard de Mandeville «vicios privados, virtudes públicas».

    • Jordi Fortuny Baduell dice

      Hola José Miguel,

      Gracias por el comentario, que abre una perspectiva muy interesante. Coincido ‘muy mucho’ con tu punto de vista y ciertamente el paradigma debe cambiar. Precisamente en el post quería enfatizar el largo recorrido de mejora que tiene el concepto de equipo, anclado excesivamente en, cómo tu dices, mini-jerarquias burocráticas. Merece una buena reflexión.

      Seguiremos dándole vueltas.. 😉

      Jordi

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *