¿Fechas o fluyes?

Eres de los que les gusta vivir bajo presión y sacar todo el trabajo adelante a base de fechas y plazos, o bien te gusta mantener el control y fluir.

Visto así, no admite duda ¿no? A no ser que necesites altas dosis de adrenalina para ser feliz, lo segundo parece más razonable. Pero que sea razonable no significa que sea lo normal. Más bien lo contrario.

Herencia  de nuestro pasado reciente, el de la ‘planificación industrial’, sigue siendo muy habitual utilizar las fechas como eje central para la ‘organización’ de nuestro trabajo. El calendario (o agenda) se sigue resistiendo a perder el papel de tirano en nuestras vidas. Muestra de ello, es que la mayoría de aplicaciones de gestión de tareas existentes en el mercado siguen subrayando, como argumento de venta, una fuerte vinculación con el calendario y las mil posibilidades de recordatorios.

Tengo cosas que hacer, me voy a organizar. Priorizo tareas y me pongo fechas para hacerlas. Todo en orden. Todo planificado. ¿Sí?

Haciéndolo así, ¿qué buscamos? Estar tranquilos porque veremos todo nuestro trabajo bien encajado y, además, tendremos un horizonte al que atenernos, que nos incentivará, o mejor dicho, presionará, para hacer.

¿Y con qué nos encontramos? Con una falsa sensación de control y un falso estímulo para hacer. Ninguna garantía de cumplimiento y un poco de estrés añadido. Esto es un sinsentido.

Al respecto del estímulo que buscamos en las fechas para sacar adelante nuestras tareas, por favor que nadie se ofenda, pero un poco es cómo la famosa fábula del burro y la zanahoria. Dónde la fecha es nuestra zanahoria. ¿Necesitamos esto?

Acerca de la búsqueda del control mediante la asignación de fechas… Estas fechas que nos autoimponemos las llamamos fechas subjetivas. Difieren de las fechas objetivas, en que estas, efectivamente, son reales y nos vienen impuestas por terceros, y no cumplir con ellas nos provocaría consecuencias indeseables. Las primeras no existen, las segundas sí.

Y mezclar los dos tipos de fechas en el calendario es letal. Cortocircuita nuestro cerebro, provocando un efecto totalmente contrario al que buscamos: el caos en vez del control.

Debemos despejar nuestra agenda de fechas inventadas, haciéndolo, el resultado es revelador. Y no tan sólo desde el punto de vista de una simple claridad visual, sino, y sobre todo, porque al no mezclar fechas reales e inventadas nuestro cerebro confiará mejor en la herramienta. En otras palabras: le dará credibilidad. Sabrá que todas las fechas tienen el mismo significado y no tendrá que estar todo el rato pensando si la fecha va en serio o es de ‘broma’.

Reconozco, porque lo he visto y lo he vivido, que plantear ‘organizarse’ sin fechas, da un poco de miedo. Da la sensación que das un salto al vacío ¿Podemos hacer que nuestro trabajo fluya, sin asignar fechas a nuestras tareas? La respuesta es sí. Y el paso previo es creérselo.

¿Y con qué podemos sustituir el hábito de asignar fechas subjetivas? Pues revisando. Teniendo nuestras acciones bien definidas y en los contenedores correctos, el hábito de la revisión nos permitirá decidir qué hacer. De esta manera, en cada momento, y con la información exacta de ese momento, podremos escoger en que tarea nos centraremos. El resultado siempre es que terminas tus tareas mucho antes de la fecha en la que te hubieses marcado hacerla.

Y esta es la diferencia entre vivir a expensas de las fechas o fluir

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