Ejecutar, la última frontera

Ejecutar es el quinto y último de los pasos en GTD®, es el que conlleva el movimiento definitivo y lo que te acerca físicamente hacia tu resultado. Es el simplemente hazlo.

Volviendo a las metáforas cocineras que tanto me gustan, sería el cómetelo, que lógicamente va después del cocínalo, que va después del prepara los ingredientes.

Este paso, personalmente, siempre lo he visto cómo el hermanito pobre de los cinco que componen GTD®, el que pasa más desapercibido. Imaginaos la paradoja, queremos ser productivos, qué es lo mismo que decir que queremos hacer y luego resulta que el hacer, a primera vista, es lo último, y casi, menos relevante.

Pues un poco, es así. Al final, hacer es lo fácil, siempre que lo que debamos hacer lo tengamos perfectamente preparado. Volviendo a la cocina: “el cocinero que prepara una adecuada mise en place puede realizar las labores de cocinado y ensamblaje de platos sin estrés”.

Pero tampoco debes confundirte y minusvalorarlo. El verdadero valor de este paso no es hacer a lo bruto, en plan cadena de montaje. La verdadera sensación de productividad llega no tanto del hacer (cantidad) cómo de hacer lo que hay que hacer, y esto implica también haber decidido qué NO hacer.

De este modo, puedes haber hecho sólo una cosa, pero sentirte como el rey de la productividad. Esto pasa cuando realmente esta es la cosa que tenías que hacer.

Así, ya habrás llegado a la conclusión que la clave para ejecutar es escoger… ¿y cómo escogemos?

GTD® propone un modelo basado en:

  1. Los criterios limitantes. Contexto (cada acción necesita de un lugar, herramienta o persona para ser ejecutada), tiempo disponible y energía (no siempre te encuentras con la misma capacidad para enfocarte en las cosas).
  2. Los horizontes de enfoque. Si en un momento dado, pasado el filtro de los criterios limitantes, puedes escoger entre varias acciones, ¿cómo elegir qué hacer?  Pues la claridad en nuestros horizontes de enfoque nos permitirá discernir, priorizar, qué opción escoger, que será la que tiene más relación con nuestro propósito.
  3. La triple naturaleza del trabajo. Existe el trabajo definido (cuando trabajamos directamente sobre nuestras próximas acciones o calendario), el no definido (hacer trabajo a medida que surge) y el trabajo de definir nuestro trabajo. En la realidad de cada persona, el peso que tiene cada uno de estos tres tipos de trabajo es diferente, por lo que es importante tener una idea de cuál es nuestro punto de equilibrio entre los tres y procurar escoger que hacer consecuentemente con esto.

Bien, pues como puedes ver, ejecutar es escoger. Porque, al final, hacer es lo fácil, pero sólo es productivo hacer con sentido, no hacer por hacer.  

Trackbacks

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *