Los (no) límites del trabajo condicionan tu efectividad

Digamos que tienes que redactar un informe, o preparar una presentación, o cualquier otra cosa por el estilo. ¿Cuándo sabrás que has terminado? ¿Cuántos datos puede contener el informe? ¿Cómo de bien preparada puede estar una presentación? Seguramente la respuesta a estas preguntas sea: tiende a infinito.

Actualmente no hay límites en nuestro acceso a la información, o en la explotación de esta, siempre podremos ir un poco más allá. Información abundante y al instante. Perpetuamente podremos encontrar alguna u otra cosa que añadir que nos pueda parecer interesante. Pero… ¿realmente, estaremos aportando valor? o ¿estaremos simplemente malgastando recursos?

Así es el trabajo del conocimiento, donde ademas de saber «qué» hay que hacer, hay que saber «cuándo» está hecho. Tan importante es saber por dónde empezar cómo determinar cuándo parar.

Recientemente he estado liado con un informe importante, y me ha pasado precisamente esto… cada día descubría una nueva cosa que comentar, o un nuevo dato, y no veía el momento de cerrarlo. La cosa me empezó a chirriar, y aquí, volví al propósito, al «para qué» de este informe. Cuál era su finalidad… y ciertamente hacía ya unas cuantas «tablas» que podía haberlo dado por terminado.

Otro ejemplo del «hacer por hacer». Aunque, probablemente, visto desde otra óptica. Y así, volvemos a la «obligatoriedad» de clarificar el propósito en todo lo que hacemos, en este caso, para saber cuando es suficiente.

Piensa además que este punto de «good enough» son recursos que liberas para otros proyectos… quizá más importantes incluso…

En el trabajo de definir nuestro trabajo, debemos «cerrar el círculo» y ademas de saber por dónde empezar debemos también determinar cuándo terminar. ¿Qué es lo que pretendemos conseguir? el propósito nos lo debe indicar.

También os tengo que decir que tengo la sensación que esta actitud está menos penalizada (o es menos evidente) que otras, como por ejemplo divagar sin saber por donde empezar, donde enseguida lo categorizamos como una pérdida de tiempo. En el caso del no parar a tiempo, parece más cómo que estamos currando un montón. Si alguien te presenta un pedazo informe de 300 páginas seguramente lo vas a alabar ¡menudo trabajazo! sin preguntarte si con 3  hubiese sido suficiente…

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