televisor viejo con botones

Cuidado con las expectativas…

Me he fijado en las redes que se repite bastante un determinado recurso humorístico. Consiste en comparar cosas en su versión de lujo y su versión cutre diciendo: «lo que compraste en Alibaba y lo que te llegó». Probablemente lo hayáis visto en alguna de sus versiones.

Pues esto también tiene su versión en lo que a productividad se refiere. Expectativas vs. realidades. Del voy a hacer todo esto al sólo he podido hacer esto. Del yo empoderado al yo desmotivado.

Lo duro es que, la mayoría de las veces, esta situación es producto de una mala gestión de nuestras propias expectativas. También de las de otras personas, pero de esto ya hablaremos otro día. El exceso de trabajo (overwork) como consecuencia de una expectativas irreales.

Dejando de lado todas las «típicas variables» que pueden afectar a nuestro flujo de trabajo (interrupciones et al.) y que, ciertamente, nos pueden hacer errar en el cálculo acerca de lo que podemos hacer. En mi opinión, hay otra cosa que tiene mucho más impacto a la hora de hinchar la «burbuja» de nuestras expectativas. La poca claridad en nuestros niveles más elevados de perspectiva.

Esta poca definición añade granularidad a nuestra visión de lo que queremos y por tanto a nuestra capacidad de priorizar. Haciendo un símil, sería como ver en el televisor un canal mal sintonizado, podremos intuir algo, pero no lo veremos claro.

Siempre llega un momento en el que debes elegir a qué vas a dedicar tus recursos. Al escoger qué hacer, en GTD aplicamos los criterios limitantes de contexto, tiempo y energía. Una vez los hemos tenido en cuenta, y si aún podemos realizar varias acciones, es cuando debemos priorizar entre ellas, y aquí aplicamos nuestros horizontes de enfoque.

¿Que me va a reportar un retorno mayor?

Si no tenemos claros y definidas nuestros horizontes de enfoque, como por ejemplo las áreas de responsabilidad, o nuestros valores, nos va a costar contestar a esta pregunta, y seguramente terminaremos queriendo hacerlo todo.

De esto resultará lo que te contaba al principio. Un «overwork» por una mala gestión de expectativas.

Ya te he comentado varias veces lo sorprendente que es el impacto que la definición de tu perspectiva tiene en tu productividad. Aquí tienes, creo, otro buen ejemplo.

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