Se puede decidir no decidir

Me vienen a la cabeza muchos ejemplos de decisiones que tuve que tomar y que me costaron un montón. Recuerdo que iba dándole vueltas todo el rato, rumiando sin cesar qué hacer, aunque, realmente, esto no era otra cosa que una maniobra para dilatar el tiempo antes de tomar esta decisión.

Probablemente la decisión ya la tenía tomada, pero escudándome en cualquier cosa, procrastinaba su ejecución. De alguna manera esperaba el «Dios proveerá», que por puro azar, lo que fuera, se solucionara por arte de magia. Y la verdad es que alguna vez ocurrió. Aunque pensándolo bien, probablemente, lo que hacía, era «inconscientemente» orientar la situación hacia donde me interesaba, lo que facilitó que sucediera.

Enfrentarnos a decisiones trascendentales puede ser más o menos habitual.

Con el tiempo, personalmente he aprendido a gestionarlo de una determinada manera. Lo primero que me queda claro es que, en la mayoría de los casos, si algo puede empeorar empeora, así que alargar la toma de la decisión, o su ejecución, es tremendamente peligroso. Otra cosa, especular sobre lo que va a pasar, normalmente es un derroche de recursos. Una cosa es prever para estar preparado, la otra es anclarse en especular con futuros apocalípticos.

Pero sobretodo, hay un par de preguntas que acostumbro a hacerme.

¿La decisión sólo depende de mi? Porque si no es así, el foco tiene que estar, no en preocuparse, sino en ocuparse de conseguir lo que sea que se requiera para poder tomar la decisión.

Si la decisión sólo depende de mí ¿posponerla puede darme más información sobre determinados factores clave? Si la respuesta es negativa, debo proceder. Si la respuesta es afirmativa debo «lanzar» un recordatorio hacia el momento en el que calculo que tendré esta información.

Finalmente, puedo también, decidir no decidir. Esto no trata de autoengañarse con un cheque en blanco para hacer lo que te describía en el primer párrafo. Decidir no decidir, significa ser consciente que te das un tiempo para decidir.

Esta estrategia la menciona David Allen en Organízate con eficacia, a priori puede sonar a contrasentido, ya que parece más favorable el «cuanto antes me lo quite de encima mejor».  Pero no se trata de «marear la perdiz», sino es sentirse cómodo en la toma de una decisión trascendental, «consultarlo con la almohada», aprovechar las ventajas de enfriar el pensamiento.

¿Podemos hacerlo sin tener el «runrun» constante en la cabeza? Para lograrlo, aceptarlo, y realmente sentirse cómodo con la decisión de, por ahora, no decidir, como dice Allen, necesitas una red de seguridad, y esta red es un recordatorio sobre cuándo volverás sobre el asunto. Es pura gestión de compromisos contigo mismo.

Photo by Kai Pilger on Unsplash

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