chico y chica mirando papeles en pared

Desaprender para aprender

Una de las reacciones que acostumbro a percibir entre los participantes, al finalizar las formaciones de GTD®, es que comentan «de alguna manera ya lo hago», refiriéndose a muchos de los hábitos que terminamos de explicar y practicar.

Esta reacción incluso viene acompañada de cierta satisfacción y alivio. Satisfacción porque comprobamos que ni somos tan raros (los que hacemos listas, por ejemplo) ni estamos tan mal (ya estoy actuando en mi área de influencia para mejorar mi efectividad). Y alivio, porque está en tu mano la posibilidad de mejorar desde una base de la que ya dispones y que ahora conoces mejor.

Y es que GTD® es sencillo, porque se basa en hábitos sencillos. Estrategias que nosotros mismos somos capaces de identificar como beneficiosas para nuestra efectividad y por lo tanto vamos desarrollando y aplicando en nuestro día a día.

De hecho, es conocido que David Allen desarrolló la metodología a partir de su experiencia como coach en productividad personal, recogiendo las distintas estrategias que veía que funcionaban y profundizando en ellas. Ha sido más tarde, cuando la neurociencia ha explicado los fundamentos de su éxito.

Todo esto supone una enorme ventaja en la adquisición de GTD®, aunque esta ventaja, es al mismo tiempo el gran reto. Como los hábitos no nos son desconocidos, necesitamos de cierta dosis de desaprendizaje, ya que, eso sí, para poder explotar al máximo los beneficios que GTD® te proporciona, es clave llevarlos a cabo de una manera determinada.

Inhibir el impulso del «más o menos ya lo hago así», o la tendencia al «tal y como lo hago yo es mejor», acostumbra a ser determinante. Detrás de lo que, a primera vista, puede parecerte un matiz, normalmente está la clave que hace que el hábito en cuestión multiplique exponencialmente su efecto.

Así pues, para la mayoría de personas, emprender el camino de GTD® no significa entrar en un mundo donde todo es nuevo y desconocido, pero tampoco está exento de esfuerzo y perseverancia.

Ya sabes que no hay cambio sin compromiso. En este caso, desaprender para aprender.

Photo by rawpixel on Unsplash

Trackbacks

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *