¿No tienes tiempo?

Estoy casi seguro que en lo que llevamos de semana ya has oído en más de una ocasión la frase de «no he tenido tiempo de terminarlo, de llamarte, de mirarlo, …». Ya sea porque te lo ha dicho alguien o bien porque te lo has repetido a ti mism@.

Cierto es que, en el trabajo del conocimiento, nos movemos en la premisa que siempre «hay más trabajo que tiempo para hacerlo». Aun así, si analizamos el uso del «no tengo tiempo» veremos que la mayoría de las veces obedece más a una «excusa» que no a una realidad. Llámale excusa, llámale creencia limitante.

Es fácil de observar. Chequea alguna de esas cosas que no has tenido tiempo de hacer. No has podido hacer una llamada de un minuto en todo el día ¿de verdad?

La causa de que no hayas hecho algo que tenías que hacer, en realidad, pocas veces es el tiempo del que dispones. En mi experiencia, la muletilla del «no tengo tiempo», es sinónimo de una baja sensación de control, derivada mayoritariamente de «malos hábitos» productivos.

Sin entrar en las causas, ni en posibles estrategias concretas para atenuar la «procrastinación» de determinadas tareas que tenemos que llevar a cabo (sin ir más lejos este blog está lleno de posts al respecto), me gustaría explicarte una práctica personal que, como mínimo a mi, me evita irme a casa cada día pensando que no he tenido tiempo para nada y con una baja sensación de productividad.

Se trata de terminar de pensar continuamente en el «no tengo tiempo» y sustituirlo por el «poco es mejor que nada» y «estate a lo que estás». Se trata de cambiar el «mindset» en el que te mueves.

«Poco es mejor que nada»: avanzar una pequeña pieza de cualquiera de tus proyectos es mucho más que tenerlo parado durante semanas. Se trata de dividir lo que tienes que hacer, hasta un punto en el que el «tiempo» no es excusa. Si tienes que leerte un informe de cincuenta páginas, no te «enfrentes» a él como un todo, leer las cincuenta páginas te puede llevar una hora, y es cierto que normalmente es difícil disponer de un bloque de tiempo de esta magnitud. Pues lee cinco páginas, que en cinco o diez minutos lo tienes y, ahora sí, estoy convencido que puedes encontrar un espacio para ello en tu apretado día a día.

«Estate a lo que estás»: eso sí, en esos cinco o diez minutos a los que hacía referencia en el punto anterior, enfócate exclusivamente en eso. Es un espacio de tiempo en el que seguro puedes evitar cualquier tipo de interrupción. Si no estás a lo que estás, los cinco, se convierten en media hora, o en más, y encima probablemente no logres terminarlo.

Te invito a probarlo ¡a ver que tal!

Photo by Jordan Madrid on Unsplash

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