Efectivitat

El Blog de Jordi Fortuny

Optima infinito

Sí pero no, no pero sí… ¡decide!

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decide

Hay que ver como somos. Lo que nos cuesta tomar decisiones. Oye, sea lo que sea, pero decide algo. Y no sólo eso: se coherente con tu decisión.

Decidir, cuesta. Requiere energía mental. Y eso es un problema.

En el segundo paso del flujo de trabajo de GTD®, tomamos decisiones sobre todo aquello que ha llamado nuestra atención. Este paso es un proceso de pensamiento clave, y David Allen nos regaló un workflow perfectamente definido —y que vale su peso en oro— para llevarlo a cabo.

Este —seguido a pies juntillas— te guía para que pienses y tomes decisiones sobre tus cosas. Y lo mejor: te obliga a ser coherente con estas decisiones.

Ya he escrito sobre este proceso varias veces. Así que, si quieres refrescarlo te invito a releer este post, en el que lo aplicaba en un par de ejemplos.

¿Las preguntas que forman parte de este workflow son difíciles de comprender? No, ¿verdad?

Aún así, muchas personas se resisten a aplicarlo. O lo aplican sistemáticamente mal. 

Sin ir más lejos, cuando practicamos el paso de aclarar en la formación GTD® oficial, las dudas de los participantes casi siempre se responden con el mismo mantra: sigue el workflow

Honestamente, no se a ciencia cierta por qué pasa esto. Pero basándome en mi experiencia me atrevería a darte dos explicaciones. Seguro que hay más, pero estas a mí me parecen muy relevantes.

La primera de ellas es que no le asignamos al paso la importancia que tiene. Lo tratamos —erróneamente y posiblemente interesadamente— como «sólo» burocracia. Lo que nos lleva al: cuanto más rápido pasemos por él mejor. 

Nada más lejos de la realidad, en el paso de aclarar piensas y decides. Y esto forma parte de tu trabajo. ¿Te recuerdo que eres una persona trabajadora del conocimiento

Y esto GTD® te lo hace evidente. Tienes que dedicar espacios de tiempo específicamente a pensar y decidir. No quedan entremezclados entre el batiburrillo habitual de reuniones, emails, llamadas et al. Esto quizá magnifica tu incomodidad frente a ello. Como te decía al principio, pensar y decidir cuesta.

La segunda. Cuando nos enfrentamos a la toma de decisiones, nos sale el «yo» cobarde o prudente, como prefieras llamarlo. 

Tres ejemplos de ello:

  • Decido que sí requiere acción, pero lo organizo en la incubadora. Si decides que vas a hacer algo con ello ¡no puedes incubarlo! Si no quieres hacerlo ahora, o sencillamente no te apetece, decide —abiertamente— no comprometerte con ello.
  • Decido que no requiere acción, pero lo organizo en la lista de proyectos. Si has decidido que no vas a hacer nada con algo. Sé consecuente. No lo pongas en la lista de proyectos «para que no se te olvide». Incúbalo, y —eso sí— revisa esta categoría organizativa con la frecuencia necesaria.
  • Como tengo que pensar y decidir, pongo una siguiente acción para esto y lo aplazo. Un clásico. No seas una persona perezosa y no procrastines. No valen las excusas como que es muy largo, o que es muy lioso o que te van a «salir» muchas siguientes acciones o proyectos.  

Así pues, ya lo sabes. Deja atrás todas estas creencias y errores. Decide. Sé coherente. Sigue el workflow.

Photo by Kyle Glenn on Unsplash

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