Efectivitat

El Blog de Jordi Fortuny

Optima infinito

El modo reactivo y el modo proactivo

| tiempo de lectura 3:22'

En uno de los ejercicios que hacemos en la formación GTD® oficial, hay un momento en que las personas participantes tienen que autoevaluarse al respecto de qué sensaciones tienen cuando funcionan en modo reactivo o en modo proactivo.

Lo curioso del caso es que, en casi todos los cursos, alguien me pregunta qué significa eso de «modo reactivo y modo proactivo».

Ahí va mi visión particular del tema: trabajar en modo reactivo significa que tu entorno termina eligiendo qué es lo que vas a hacer en cada momento, y en modo proactivo quien lo elige eres tú.

Trabajar en modo reactivo es fácil, y además da «gustirrinín» (liberamos cortisol y adrenalina en situaciones estresantes). Pero es muy cansado. Requiere de un tipo de atención que significa estar en guardia todo el día. 

Ya conoces esa sensación de llegar a casa sin fuerzas y con la sensación de «no haber parado en todo el día pero no haber hecho nada de provecho». Este es el feeling modo reactivo.

En nuestra cabeza, retenemos los elementos basándonos en los criterios de último (más reciente en el tiempo) y más ruidoso (emocionalmente). Miel sobre hojuelas para el modo reactivo. 

Además de lo dicho hasta ahora, el modo reactivo es muy poco efectivo. Ya que pocas veces estas cosas que «surgen» coinciden con las que tiene sentido hacer en el momento concreto que aparecen. 

También te diría que esta manera de trabajar está socialmente premiada. Una persona que no pregona contínuamente a los cuatro vientos que está todo el día apagando incendios y que no llega a todo, no es una persona de bien. 

Te invito a hacer un experimento, cuando a partir de ahora te pregunten «¿Cómo vas?» Tu responde: «Bien». Verás como te miran raro… jajaja.

El modo proactivo por el contrario significa que tú no sobrereaccionas a un input, sólo le dedicas la atención adecuada en el/los momento/s adecuado/s. 

Traducido: 

  • Modo reactivo: «Me llaman, lo dejo todo y me pongo a hacer lo que me han pedido».
  • Modo proactivo: «Me llaman, tomo nota, termino lo que estaba haciendo y luego ya veo si ha llegado el momento, o no, de hacer lo que me han pedido».

A priori, te puede parecer contra natura el modo proactivo. No te negaré que cierto fundamento hay. El modo reactivo es natural en situaciones estresantes. Si un tigre viene hacia ti ¡corre, no pienses!

Pero pocos tigres hay en nuestro día a día. Valeee, alguno sí, ya sé que te han venido a la cabeza dos o tres nombres… ¡cómo eres! 😉

Es evidente que existen algunos inputs en los que efectivamente tienes que reaccionar. Hay un problema y se para la fábrica, reacciona. Te llaman del cole porque tu hij@ está a 40º de fiebre, reacciona. Se acerca alguno de esos dos o tres tigres —o tigresas—, reacciona.

Pero no más. No hagas pasar gato por liebre. O mejor dicho, tigre por cordero. A no ser que tu posición de trabajo sea por definición gestora de emergencias, para la mayoría de los mortales los temas de «sí o sí o se hunde el mundo» son un bluff. Un bluff que —dicho sea de paso— ya nos viene bien. Dejarse llevar por el viento que más sopla no deja de ser más cómodo. Estresante, pero cómodo.

Es una paradoja, trabajar en modo reactivo no nos aporta nada, lo sabemos y lo sentimos, pero nos tiene enganchad@s. 

A veces también nos lo justificamos con un falso umbral de eficiencia: «mira, como me han interrumpido, ya lo hago y me lo quito de encima». Ya, y lo que has dejado de hacer ¿qué? Pues te tocará sacrificar la hora de comer para terminarlo, porque eso sí que tenía un plazo. Añadiendo que efectivamente el umbral de eficiencia salta por los aires, porque el ¿por dónde iba? y volver a donde estabas también consume energía y tiempo.

En esencia, lo que necesitamos hacer es reeducar nuestra atención, es todo cuestión de foco. A veces, de lo que estamos hablando, es sencillamente dedicar 30 minutos a terminar lo que estabas haciendo y luego ponerte con lo que te ha llegado. 

A mí me gusta verlo como ser capaz de encontrar la cadencia adecuada para gestionar nuestro trabajo. Como si fuera una danza o una pieza de música. Sin estridencias ni «altibajos». Con la «mente como el agua».

Y para hacerlo necesitamos un sistema de confianza (como el que te proporciona la metodología GTD) para poder disponer de claridad para elegir con confianza que es lo que tiene sentido hacer en cada momento. 

Imagínate llegar a casa —incluso menos cansad@— y pensar: «hoy he hecho las cosas que tenían sentido».

Esto es pasar de vivir en modo reactivo a modo proactivo. 

Photo by camilo jimenez on Unsplash

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