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La confianza es la madre de la confianza

| tiempo de lectura 4:14'
la confianza es la madre de la confianza

Este —en principio— va a ser el último post hasta septiembre, y he estado dudando mucho sobre cómo cerrar este curso.

En realidad, siguiendo la cadencia habitual, hubiese tocado un nuevo post de la serie #AprenderGTD y algún punto negro del paso de aclarar.

También he dudado mucho sobre si escribir un anejo a la serie que tengo publicada sobre «Mi sistema GTD en Todoist». He recibido varias consultas sobre cómo montar un sistema GTD con la última limitación de la versión free de la herramienta: sólo 5 proyectos (o lo que es lo mismo, 5 listas).

Incluso con esta limitación, te da para tener un sistema GTD plenamente funcional, no necesitas más: la lista de Proyectos, A la Espera, Siguientes Acciones, Agendas y Algún Día/Tal Vez. Y a partir de aquí, trabajar con secciones si quieres dividir estas listas (por ejemplo, te puede ser muy útil para organizar las siguientes acciones en contextos o disponer de diferentes agendas). Es cierto que trabajar en Todoist con secciones, en mi experiencia, le resta mucha usabilidad, pero igualmente tienes un sistema fetén. En lugar de secciones puedes trabajarlo con etiquetas y filtros, pero estos también están limitados. Y solo con etiquetas, te vas a meter en un berenjenal.

Ya ves, no hacía falta post. Con un párrafo: liquidado. Sin complicaciones 😉

Tradicionalmente este último post me lo guardo para mí. Para reflexionar sobre algún aprendizaje que me apetezca compartir contigo. Un tema que —a la vista de las métricas— triunfa menos que los dos anteriores, pero para qué dudar, ahí voy con mi batallita prevacacional.

Ayer a media mañana me llamó una conocida. Estaba muy agobiada. Trabaja en una empresa en pleno despliegue de la Formación GTD® Oficial y una compañera que ya había hecho la formación le dijo: «habla con Jordi».

«Oye Jordi, ¿hay alguna formación más prevista?». «Sí, a final de año».

Silencio. Ella pensando: «Ay, madre, ¿qué hago?». Y yo pensando: «Ay, madre, ¿qué hago?».

Se rompe el silencio: «Es que no he podido apuntarme a las ediciones anteriores porque tengo mucho trabajo». Todo un clásico en muchas personas. Piensa que si no paras e inviertes TÚ en mejorar, la solución no va a caer sola del cielo.

Como nos conocemos le digo: «Oye, sabes que yo no soy un mago, ¿no?». Risas.

«¿Venga, va, en qué puedo ayudarte?». Es evidente que no podemos hacer el curso en 10 minutos, ni que haciéndolo ocurra la magia y de repente todos tus agobios vayan a desaparecer. Mejorar tu efectividad personal va de desarrollar hábitos, y es un camino que se tiene que recorrer con tu propia energía. Así que igual era una pregunta un poco suicida, pero me lancé.

Y aquí ocurrió algo que me sorprendió.

Mi yo del pasado —todo voluntarioso y haciendo gala de cierto buenismo— se hubiese centrado en mi área de dominio y le hubiese dado un par de nociones de efectividad, y le hubiese montado un sistema exprés en cualquier sitio. Pensando en que si le daba dos o tres listas en una nueva herramienta y un par de trucos de master ya tendría bastante. Lo digo porque lo estuve haciendo así hasta hace no mucho. Buena voluntad, pero flaco favor. Porque no le va a funcionar y va a cogerle tirria a cualquier sistema de organización. Y su leitmotiv a partir de este momento iba a ser que todo es complicado y que está solo al alcance de determinados perfiles. Con la firme convicción de que ella está destinada a sufrir en este mundo.

Reprimí este impulso. Y sin ser consciente de ello tiré de todo el repertorio de recursos que he ido acumulando. Desde las competencias como coach, a la experiencia y conocimiento que me proporciona haberlas visto de todos los colores. Y las que me quedan aún, porque —mientras no pare— siempre aparecen situaciones de lo más inverosímiles. Y sin caer en lo que te contaba en el párrafo anterior, logré serle de ayuda. Paró un momento y la ayudé a reflexionar.

Como te decía, al colgar el teléfono, me quedé sorprendido y pensativo. Jolín tú, ¿de dónde has sacado todo esto? Y es que la verdad, a veces me cuesta tener confianza en que el camino que he tomado es el correcto. Y confianza en que lo que hago, lo hago bien.

Ya te he repetido muchas veces que uno de los ejes de mi propósito es el de ayudar. Y yo siento que ayudo, y que cada vez ayudo mejor y lo hago de manera profundamente honesta. Invierto en mí para hacer mejor mi trabajo y para que lo que hago, obedezca siempre a estos principios. Ya sea formando, resolviendo dudas que me llegan o —incluso— mientras ando por la montaña. Ya sea con acciones altruistas o con acciones remuneradas (que yo sepa no es pecado cobrar por tu trabajo, ni tampoco que esto signifique que sea una ayuda interesada).

Hace unos días leí este post de Francisco Alcaide donde dice: «La confianza se adquiere a través de la cantidad, variedad e intensidad de experiencias que uno acumule en el tiempo».

Creo pues que puedo permitirme no dudar. Creo que puedo tener confianza. Cuando hago recuento —que la verdad, no hago casi nunca— la cantidad, variedad e intensidad de experiencias que he acumulado en el tiempo —y que seguiré acumulando— no es para nada baladí.

Creo también que puedo reconocerme sin pudor que en el micronicho en el que estoy centrado —el de la efectividad personal y en concreto de GTD— el volumen de estas experiencias está bastante por encima de la media poblacional. En ello es en lo que trabajo cada día de mi vida.

Siento el rollo. Pero necesitaba decírmelo. Confianza, y adelante. Porque, al final, la confianza es la madre de la confianza.

Y con este post, me despido hasta después del verano. Seguiré publicando puntualmente el Ranking OPTIMA LAB de blogs de efectividad y, si algo llama mi atención, igual me animo con algún post esporádico. Vamos viendo.

¡Disfruta del verano!

Photo by Lacie Slezak on Unsplash

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