Efectivitat

El Blog de Jordi Fortuny

Optima infinito

El trabajo híbrido y la Culpa Virtual

| tiempo de lectura 3:33'

Hace unos días leí un comentario de Kelly Forrister —una de las top’s en el mundillo de GTD— en el que hablaba de la Virtual Guilt o Culpa Virtual. Con este comentario advertía a todas las personas que lideran equipos de la existencia de este —peligroso— sentimiento.

Lo describe como la preocupación que sienten las personas porque sus responsables o colegas piensen que no están realmente trabajando si no pueden contactar con ellas al instante.

Este sentimiento provoca que estas personas permanezcan pegadas a sus equipos para ser vistas siempre en modo disponible. Incluso se sienten culpables en los momentos dedicados a ellas mismas, ya sea cuando van a por un café o durante el descanso para comer. En otras palabras, surge cuando se alejan de aquello que las conecta con su entorno corporativo. O mejor dicho, aquello que las muestra disponibles de manera perenne.

Cómo no, el teletrabajo en tiempos de COVID ha acentuado de sobremanera este sentimiento de Culpa Virtual.

Tristemente, y basándome en mi experiencia, de poco va a servir la advertencia de Kelly. Cierto que pondremos toda nuestra buena voluntad: «¡esto tenemos que frenarlo, no es normal!» Pero del dicho al hecho hay un trecho. Lanzaremos grupos de trabajo, haremos decálogos, formaciones a managers. Todo un despliegue de medios para hacerlo posible. Pero ahora mismo, a corto plazo, es como ponerle puertas al campo.

Y como por las buenas no cambiamos, vamos a las malas. Y tomamos medidas muy locas —desde mi punto de vista— como parar los servidores de correo electrónico de la empresa a las 18:00 (incluso, algunos gobiernos lo han llegado a imponer por vía legislativa). ¿De verdad que no podemos gestionarlo de otra manera y desde el sentido común?

Parece que no. Porque una cosa son las buenas intenciones de puertas hacia fuera, pero de puertas adentro hay mucho pensamiento inconfesable.

En el fondo-fondo, ya nos va bien tener a todo el mundo disponible. Y no hace falta ser el jefe/a de nadie. Cuando necesitas algo —aunque no sea urgente— te va perfecto tener todo el mundo a disposición. No me digas que nunca te has ofuscado cuando necesitas, por ejemplo, un dato, y quien lo tiene no contesta a tus mensajes de Teams, Whatsapp o email de manera inmediata.

Otra cosa que suma a todo esto es que no podemos reprimir el impulso a invertir en falaces herramientas colaborativas, todas ellas diseñadas para el pushing y no para la calma y tranquilidad. Que podamos lanzar una reunión con sólo apretar un botón, nos convierte en peligros andantes. Pero también nos proporcionan la falsa sensación de que con ellas iremos mejor.

¿Hemos llegado al punto en que la medida sobre cuánto trabajas se relaciona con tu disponibilidad? Me parece a mí que muy cerca de ello estamos.

Y siento decirte que creo que no vamos a ir a mejor en el corto plazo. Esto del trabajo híbrido que tan de moda está —y que parece el gran avance— a mí no deja de preocuparme porque va a magnificar todo esto, y en especial el sentimiento de Culpa virtual.

Es cierto que es un modelo que lleva asociadas cosas positivas, como que vamos a contaminar menos, nos ahorramos tiempo en desplazamientos e incluso las empresas van a racionalizar determinados costes. Pero en lo que respecta a lo que llamaríamos propiamente «trabajar», lo siento, pero pienso que va a empeorar estos tics del entorno laboral que tan bien conoces.

Estoy seguro de que, más tarde o más temprano, las empresas van a lograr solucionarlo. Estamos frente a un cambio de paradigma, y esto no se soluciona con parches, requiere de tiempo y cambios muy, muy profundos.

Mientras esto no pase, te voy a dar un consejo personal. Porque el cambio también puede llegar de abajo hacia arriba.

Creo que la solución pasa por ser más egoístas con nuestra energía y con nuestro enfoque.

Hay dos cosas que no son compatibles: estar enfocad@ en algo y querer estar pendiente de todo, o mejor dicho, querer estar a disposición de tod@s.

Así que, tú escoges: o te enfocas en lo último y más ruidoso, o te enfocas en aquello que en cada momento aporta más valor. Quizá lo último y más ruidoso sea lo que toque hacer en ese momento. O no. Lo que tienes que garantizar es que estás tomando una decisión consciente.

Nadie va a abstenerse de enviarte un mensaje de chat, convocarte a una reunión o llamarte, sólo porque esté preocupado por tu concentración. Quien permite que secuestren tu atención eres tú.

Da miedo, lo sé. No es fácil, también lo sé. Es cortar por lo sano el sentimiento de Culpa Virtual con la que empezaba el post. Y ser la oveja negra durante un tiempo.

Hasta que lleguen los resultados, que acarrearán consigo la confianza que necesitas para que venzas este sentimiento de culpa.

Y lo más importante: la confianza de tu responsable o tus colegas. Sabrán que, aún sin tener el semáforo en verde, tú estás allí: haciendo bien las cosas correctas.

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