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Optima infinito

XIX Jornadas OPTIMA LAB: Confía en todo lo que vendrá

| tiempo de lectura 3:52'

Estas crónicas de las XIX Jornadas OPTIMA LAB son atípicas ya que por primera vez no están escritas en los días inmediatamente posteriores a su realización. De hecho las fechas de las jornadas —del 26 al 28 de julio— también suponían un cambio respecto a lo que venía siendo habitual. Esto hace que sean unas crónicas «reposadas», exentas del fragor habitual y que trascienden a lo que propiamente trabajamos durante esos días.

Normalmente las jornadas eran a principios de septiembre y de alguna manera significaban el pistoletazo de salida para un nuevo curso. Pero, por razones relacionadas con la entrega de formaciones, decidimos moverlas a finales de julio. Con lo que, en lugar de ser unas jornadas de inicio del curso, se convirtieron en el «festival de final de curso».

En algo que coincidimos tod@s es que esto marcó el mood predominante en esos días. No es lo mismo llegar a ellas con la alta energía post-veraniega, que hacerlo al «final de la batalla», con el lógico agotamiento físico y mental. Sin ir más lejos, y como ejemplo, hacía justo un par de semanas que habíamos lanzado el esperado Nivel 2 de la Formación GTD Oficial cosa que nos había consumido muchos recursos.

Esta situación cristalizó en dos tendencias claramente marcadas. La primera es que fueron unas jornadas sin demasiadas florituras. En las anteriores crónicas ya te contaba que el flujo de trabajo en estas había pasado a ser habitual, pues seguimos con la misma dinámica de trabajo altamente efectivo. La segunda fue el «realismo descarnado» de la reflexión y de las decisiones. Menos «happy flowerismo» y más «esto es así». Y en ambos casos, lo digo en positivo.

Sin duda, dejar reposar todo lo hablado durante estas semanas veraniegas ha sido una gran oportunidad para llegar al inicio de curso con una pausada —y realista— serenidad.

A mí, que me gusta darle muchas vueltas a las cosas —más de las necesarias según todas las personas que me conocen—, he podido recrearme en reflexionar detenidamente acerca de todo lo que está aconteciendo.

Nos guste o no, siempre hay dos caras en una misma moneda. La parte «guay» y la parte en la que —perdón por la grosería— «lo mandarías todo a la mierda». Y la realidad es que ni todo es blanco, ni todo es negro (ya me gustaría a mí que siempre todo fuera «guay», pero honestamente pienso que este horizonte no existe en ningún sitio). En este punto me permito recomendarte este post de Francsico Alcaide.

Así que la clave está en la física del equilibrio: dos fuerzas paralelas que actúan en sentido opuesto. Es decir, lo que tira hacia un lado se compensa con lo que tira hacia el otro. Lo más tostón se equilibra con lo más «guay».

Ni que ya sea un tópico, el panorama pandémico y la constante incertidumbre que provoca está haciendo mella en todas las personas —cada día aparece algún nuevo artículo mostrando evidencias de ello—. De hecho todo esto ya tiene hasta síndrome con nombre propio: el YOLO (You Only Live Once). La situación vivida hace que muchas personas se planteen si el camino que han tomado es el correcto. No sé si también te has fijado en ello, pero a mí me da la sensación de que en Linkedin hay mucha gente que últimamente está cambiando de ocupación. Lo que me lleva a preguntarme si no estamos sesgando la reflexión. ¿Es el mejor momento para hacer un drill down en nuestros horizontes de enfoque?

Yo no soy una excepción y también me afecta lo «raruno» de este periodo. A mí, personalmente, la situación me provoca una mayor susceptibilidad frente a todos los estímulos y que sobrecargue mi tendencia a pintar las cosas de color negro.

En consecuencia la fuerza equilibrante que tiene que actuar en sentido opuesto también necesita de cierto doping positivo.

Así que he llegado a la conclusión de que tengo que centrarme mucho más en dar valor a las cosas positivas. Que para más inri me requiere de poco esfuerzo porque en realidad hay muchas (y voy a ahorrarte la lista).

O, quizá, la clave está en ser más radical en «cambiar de lado» algunas de las cosas. Cosas que a priori puedan parecer negativas igual tienen un componente positivo. O, sencillamente, «obviar» otras cosas que me provocan mucho ruido —y tristeza y mal humor— pero que no me llevan a ningún lado.

Y en medio de esta reflexión me llegó, vía post de Instagram, un mantra que he terminado adoptando para este inicio de curso. Porque para mí tiene mucho, mucho sentido.

  • Acepta lo que pasa. Sí, puede que pasen cosas que te tiran de la tabla. C’est la vie.
  • Suelta lo que un día fue. El pasado pasado está, pues que se quede allí y nada de dedicar energía a rememorar.
  • Confía en todo lo que vendrá. Pues sí ¿por qué el futuro tiene que ir mal?

Te hablaba de dar valor a las cosas positivas. Pues aprovecho este final de crónicas para empezar a aplicarlo con una de las cosas positivas más importantes: las personas que tengo a mi alrededor.

Desde mi familia hasta todas las personas que me acompañáis en mis ocupaciones, leéis este blog, participáis en nuestras formaciones y todas las otras que estamos en contacto por cualquier canal. Y por supuesto a José Miguel y Laura (+100).

¡Muchas gracias a tod@s!

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