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No se puede aprender a priorizar (I)

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«Aprender a priorizar» es, junto con el «aprender a gestionar mi tiempo», una de las quimeras más famosas entre las personas que desean mejorar su efectividad.

Y es que, de la misma manera que el tiempo no se puede gestionar, no puedes aprender a priorizar. Puedes hacer algunas cosas que te ayudarán a priorizar mejor. Pero en lo que se refiere propiamente al acto de priorizar no hace falta que lo aprendas, lo llevas incorporado de serie. Resumiéndolo mucho-mucho, priorizar no es nada más que utilizar tu intuición.

Por otro lado, como verás en el post que te enlazo, las prioridades aparecen cuando en la realidad que nos rodea se produce una situación que interacciona con alguno de nuestros valores.

Y no se termina aquí: aún hay más. Para rizar el rizo las prioridades —además— son «contextuales».

Pero vayamos por partes, que es muy fácil empacharse con este tema.

Muchas personas demandan «aprender a priorizar» porque son perfectamente conscientes de que su vida se mueve al ritmo de lo último que llega y/o de lo más ruidoso.

Estas personas saben perfectamente que moverse en este plano tiene mucho riesgo. Y que significa vivir con ese runrún constante de que tienen cosas más importantes que hacer que lo que sea que estén haciendo en ese momento.

En realidad irse a lo último y más ruidoso es un impulso natural de nuestro cerebro —pura supervivencia para nuestros ancestros—, y por eso la cabra tira al monte. No hace falta que te cuente —por ejemplo— lo que cuesta dejar de prestar atención a las notificaciones de todo tipo que no paran de llegarnos.

Por eso mismo, «aprender a priorizar» se antoja tan necesario, y tan difícil. Entre tantas cosas —y tan cambiantes—. ¿Cómo voy a saber lo que es prioritario? ¿Qué es lo mejor que podría estar haciendo en este momento?

Y de aquí que la gente busque algo, ya sea un método o una herramienta, que les diga cuáles son sus prioridades. Y nos encontramos con todo tipo de soluciones, que van desde la infantil técnica ABC, pasando por la dichosa Matriz de Einsehower y llegando a herramientas con IA que te prometen priorizar por ti.

Ya puedes poner banderitas ya. O dedicar toda una tarde a clasificar tareas en cuadrantes. Me temo que te lo vas a tener que comer con patatas, porque no te va a servir de nada. Cuando termines de hacerlo, seguro que tu mundo ya se habrá movido.

Yo, en general, recomiendo huir como de la peste de todo esto. La mayoría de estos constructos no llegan a cumplir dignamente su cometido, porque obvian las cosas que acabo de contarte. Están obsoletas. Y, sobre todo, no tienen en cuenta que lo que se tiene que hacer es empezar por el principio.

¿Y cuál es el principio? Para que este proceso de priorización funcione y te sientas bien con él, lo primero y fundamental es disponer de un inventario COMPLETO que refleje lo que tú le has dicho que son tus opciones. Dicho de otra manera: una lista con recordatorios de las diferentes cosas con las que te has comprometido.

De esta manera, como dice Allen: «tu mente podrá tomar más fácilmente las decisiones estratégicas intuitivas necesarias en cada momento». Si tu inventario es sólo parcial… ¿Qué se está escondiendo debajo de la alfombra?

¿Te lo imaginas? ¿Qué pasaría si tuvieras el cuadro completo con todas las opciones? ¿Verdad que de este modo se te antoja mucho más fácil elegir lo que tiene sentido hacer en cada momento?

Si no dispones de este inventario completo, siempre irás a tientas, y nunca podrás priorizar sintiéndote bien con lo que elijas hacer, o mejor, con lo que elijas no hacer.

You can only feel good about what you are not doing when you know what you are not doing – David Allen

De todos modos, sigue quedando «mucha tela que cortar» así que este post continuará la próxima semana y profundizaré en los aspectos que te comentaba al principio (1) la relación realidad/valores y (2) las prioridades «contextuales».

Photo by Jeremy Bezanger on Unsplash

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