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Optima infinito

No se puede aprender a priorizar (II)

| tiempo de lectura 3:06'

Como te avanzaba ya en el anterior post, hoy vamos a seguir con el tema del «aprender a priorizar». En ese post te hablaba del aspecto fundamental para ser capaz de elegir lo que tiene más sentido hacer en cada momento (lo que entendemos que es priorizar).

Te comentaba que la clave está en disponer de un inventario completo de todo aquello con lo que te has comprometido, es decir, una lista de opciones. Será de entre ellas donde elegirás qué hacer en cada momento. Si no dispones de este inventario es muy difícil que puedas evaluar lo que va primero y lo que puede esperar, porque tu visión siempre será parcial.

Hacía también hincapié en que, disponiendo de este inventario, las elecciones son puramente intuitivas, ya que el increíble procesador que es nuestro cerebro es capaz de hacer este análisis en segundos. Siempre que pueda trabajar con la información completa.

Y también actualizada. Es evidente, pues, que tu sistema de organización debe ser capaz de dotar a este inventario de las entradas y salidas que se den en cada momento. El mundo se mueve, y por lo tanto has de asegurarte de mantenerlo actualizado. Y que tu inventario represente una foto fidedigna de tu realidad.

Con ello, además, si te explota alguna bomba —urgencia verdadera— podrás evaluar perfectamente el impacto de esta sobre el resto de tus compromisos.

Sin estos requisitos previos, tu potente capacidad natural para priorizar adecuadamente siempre se verá menguada.

Visto esto, vamos a por otro par de cosas que también influyen directamente a la hora elegir qué hacer en cada momento —priorizar—. Ya te las mencionaba en el anterior post.

En este punto intervienen pues dos variables, la realidad y tus valores.

No hace falta que te cuente que la realidad campa a sus anchas y poco puedes hacer.

Respecto a los valores, y el resto de horizontes de perspectiva (tu propósito, tus metas y objetivos, tus áreas de responsabilidad, etc.), lo que sí puedes hacer es tenerlos claros. Te decía que lo que funciona es la intuición, pues a mayor definición de todo esto, mejor funcionará. Más información tendrá tu procesador interno para elegir lo que es prioritario en cada momento.

Tu intuición per se ya funciona correctamente, pero a más información, más precisión.

Concluyendo, como la realidad se mueve a su bola, tus prioridades serán fluctuantes según la interacción de esta con tus valores.

Por eso mismo asignar anticipadamente importancias y urgencias a tus tareas es inútil. Porque son conceptos relativos. Resulta infructuoso marcar con una banderita roja alguna tarea, pensando que va a permanecer roja demasiado tiempo, mi experiencia me dice que en pocos días va a pasar por todos los colores del arcoiris.

Lo que intento decirte es que tú no asignas las prioridades, te las encuentras según se vaya moviendo tu mundo. Si un día sufres un cólico nefrítico, ya puedes tener banderitas ya… 😉

  • Las prioridades son «contextuales»

Esta es fácil. Te la explico con un ejemplo extremo —como el del cólico nefrítico… hoy estoy apocalíptico… jajaja—.

Imagínate que pasa algo en el trabajo que es de vida o muerte y no puedes hacer otra cosa que hablar con tu jefa. Pero ella está incomunicada en un vuelo transoceánico y necesitas esperar a que aterrice. Conceptualmente, esto, ahora mismo, es lo más importante de tu mundo, la empresa se está hundiendo y puedes perder tu trabajo. Pero no puedes hablar con tu jefa.

Y resulta que se te terminó la comida para el gato. Pues en ese momento, por loco que suene, tu prioridad —lo que tiene más sentido hacer en ese momento— es comprarle comida a tu lindo gatito a no ser que quieras dejarlo en ayunas.

En resumen, hay cosas que en un determinado momento no son opciones y no hace falta que te las plantees. Por mucho que Eisenhower se enfade. A no ser que tu gato se llame Eisenhower.

Espero que este par de posts te hayan servido para desmitificar el «aprender a priorizar». Quítate presión. El mundo se mueve, pues promueve tu claridad de ideas para elegir qué hacer —o no hacer— con confianza en cada momento. Lo que equivale a priorizar correctamente. No hace falta aprender a priorizar.

Photo by Anders Jildén on Unsplash

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