Efectivitat

El Blog de Jordi Fortuny

Optima infinito

El —importante— propósito de las cosas ordinarias

| tiempo de lectura 2:12'

¿Por qué haces las cosas que haces?, o ¿por qué tienes lo que tienes?

¿Lo has pensado alguna vez?

¿Asumes que algo es así porque ha sido así toda la vida? ¿Cuántas cosas ni te has planteado?

Cuando hablamos de propósito, normalmente lo vinculamos a aspectos muy elevados. Como el sentido de nuestra existencia, por ejemplo. Hacerse preguntas como ¿para qué estoy en este mundo? parece cosa solo de gurús, o iluminad@s.

Si es esto lo que crees, que lo del propósito no va contigo, te estás equivocando. El propósito va mucho más allá, está presente incluso en las cosas más mundanas y ordinarias.

¿Para qué tienes lo que tienes o haces lo que haces?

¿Para qué tienes una cocina en casa si nunca cocinas? ¿Para qué bebes cerveza? ¿Para qué necesitas la PlayStation 5? ¿Para qué tienes un perro? ¿Para qué estás en TikTok?

En mi experiencia, la falta de propósito en estas sencillas cosas del día a día es muy frecuente. E incluso peligrosa.

Y el trasfondo es el de siempre: no pensar. Dejarse llevar.

Si siempre se ha hecho así, o si todo el mundo lo tiene/hace de esta forma, será porque no puede ser de otra manera.

Y lo más divertido es que, por la falta de propósito propio, a menudo copiamos, heredamos o incluso compramos el de otros. Mucho más si estos otros nos lo venden realmente bien (marketing rules).

La panacea ya está en la moda movimientos en plan «Be Rebel», que precisamente abogan por romper con «lo tradicional». Te invitan a pensar, pero luego, mejor que pienses en su línea. Ellos sí que han descubierto la potencia del propósito, pero del suyo, jajajaja.

La consecuencia de no definir el propósito es que, lo que sea, no termina de engranarte, pero asumes que el raro o rara eres tú. Y vas arrastrando el runrún.

Pues no. Es perfectamente plausible que algo que para alguien tiene todo el sentido del mundo, para ti no lo tenga. Por eso mismo hay personas que prefieren irse de vacaciones a Ibiza, y otras se aíslan en un pueblo solitario en medio de la montaña.

U otro ejemplo, que justo acabo de leer. Un chico que ha sacado una de las mejores notas en selectividad, ha decidido estudiar filología clásica. Y esto está siendo motivo de burla y crítica. ¡Los que piensan al patíbulo!

Así que te reto a preguntarte siempre que puedas: ¿para qué?

Y si obtienes la respuesta a esta pregunta de manera reflexionada y se manifiesta clara y cristalinamente, genial. Si no, te invito a «rascar» un poco más.

Evita a toda costa no pensar y quedarte con una respuesta copiada, heredada o comprada.

Observa tu entorno, ya sea físico o digital. E incluso en tus relaciones o estilo de vida. ¿Para qué tienes/haces lo que tienes/haces? ¿Te puedes deshacer de algo? ¿Qué podrías reutilizar para que te sirva mejor? ¿Qué podrías cambiar o añadir para mejorar tu vida?

Cuestiónatelo todo. Explóralo todo.

Y asegúrate de que tienes claro el propósito de lo que decidas.

Photo by Edu Lauton on Unsplash

Comentarios

Juan Carlos Hoyos Posada avatar
Juan Carlos Hoyos Posada


Dos apuntes, el primero a mi hija le acaba de pasar lo que comentas de la universidad toda su secundaria la mejor de su clase y la mejor prueba de estado de su colegio y siempre quiso estudiar cosas artísticas, y por su puesto las criticas de sus profesores y de nuestros conocidos.... ahora empezó a estudiar Cine y Comunicación Digital con una beca que gano, ella tiene dudas pero su madre y yo la animamos a que estudie lo que le gusta no lo que esperan de ella.

Segunda anotación, la pregunta que me ha servido mucho para no sentirme mal con lo que descarto o aplazo es ¿Qué pasa si no lo hago? si se contesta con toda la sinceridad posible muchas cosas si se desean se pueden dejar de hacer.

Jordi Fortuny avatar
Jordi Fortuny


¡Muchas gracias por compartir tu experiencia Juan Carlos!

¡Es muy enriquecedora!

Un abrazo,
Jordi

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